Frank Rainieri lo dijo claro: faltan pantalones para ordenar el caos inmobiliario en el Este. También faltan para reducir a la obediencia a un gremio que no razona, no negocia y no responde ante nadie:
Los motoristas. Matan peatones y siguen. Chocan carros y escapan.
Suben aceras, se brincan semáforos y circulan en sentido contrario, como si la ley fuera para los demás. Y el Estado los mira como quien ve llover. El chantaje de “padres de familia” (PDF) ha vencido a la autoridad.

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