Viajó a Madrid con autorización del tribunal. Regresó 24 horas antes del plazo. Puntual como reloj suizo. Cinco años de proceso. Veintidós audiencias sin leer la acusación. Una estrategia de incidentes que Participación Ciudadana ya documentó como dilación sistemática. El reloj corre. El plazo máximo legal se acerca. Y la extinción de la acción penal empieza a verse en el horizonte como una salida de emergencia disfrazada de derecho procesal.

¿Cuántas audiencias más necesita la justicia dominicana para decidir si tiene vergüenza?

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