RD lleva años diciéndole al mundo que no puede más con la migración irregular. Que sus recursos están al límite. Que la soberanía es sagrada. Hoy firmó un acuerdo para recibir deportados de otros países que Estados Unidos no sabe dónde colocar. Washington necesita aparcar en algún lado mientras resuelve. Y aquí estamos: listos para ser el cuarto trasero. ¿Cuánto cuesta, exactamente, la soberanía?
