La parcela política de Julio César Valentín tiene sede oficial en la Superintendencia de Seguros y presupuesto estatal para funcionar. Pero el edificio se cae a pedazos por dentro. No por diferencias ideológicas —eso sería demasiado digno—, sino por el reparto del botín. El que traicionó para llegar, ahora ve cómo lo traicionan para quedarse.
