Cada julio es el mismo guion: el calor sube, la factura eléctrica sube, y el servicio baja. Prometieron que este año sería distinto. No lo fue. Las pérdidas del sistema rondan el 39%, y una parte importante no es apagón; es fraude organizado con medidor o sin él. Se invierte en redes, pero a un ritmo que el verano no espera. ¿De qué sirve modernizar la distribución si seguimos regalando la mitad de lo que se genera?

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