Las redes no son termómetro, son sismógrafo. No miden cuántos piensan algo, sino qué gana fuerza.
Ahí se cocinan las narrativas antes de llegar a los medios. Ahí se filtran las emociones que después leerán las encuestas.
El debate político ya empezó antes de que uno lo vea. ¿Quién está midiendo lo que se mueve bajo la superficie?
