Hay quienes se escandalizan de que se hable de “reforma” a pocas semanas de haber aprobado una.
Como si la palabra se gastara, como si un país con esta deuda social pudiera darse el lujo de agotar el tema. Reforma no es una mala palabra, es una tarea pendiente. El rezago en inversión pública y modernización no se resuelve en un solo intento. El tabú no debería ser mencionarla, sino conformarse con la última y llamarla suficiente.