No faltan los que se preguntan quién es el director de la Policía. Su imagen no causa recordación: ni en una rueda de prensa, ni en un uniforme reconocible, ni en una frase memorable. Será discreción extrema o indiferencia absoluta, pero, mientras tanto, las denuncias de atracos se acumulan en las redacciones sin que nadie al mando les ponga cara. Esa “orfandad policial” es desprotección ciudadana con nombre y apellido, aunque nadie lo recuerde. ¿De qué sirve un director si el único lugar donde aparece es en el organigrama?

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