El dólar está «estable», presumen.
El peso se fortalece, insisten.
Los informes brillan, los analistas aplauden, el Banco Central se felicita a sí mismo. Pero en el supermercado, los precios no bajaron. En la bomba de gasolina, la estabilidad no llegó. En la factura eléctrica, la fortaleza del peso no se ve por ningún lado. ¿A quién le hablan las cifras cuando el bolsillo dominicano sigue escuchando otro idioma?