Lo napoleónico nunca fue el Código de 1884. Fue la resistencia a tocarlo, intacta durante 142 años. Ahora, por fin, llega un código nuevo. Con grietas, con prórrogas, con enmiendas urgentes. Pero al menos ya no finge ser inamovible.
¿Perfecto? No. ¿Editable? Ese ya es un avance histórico.

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