Los ferreteros y textileros reclaman reglas parejas frente al comercio chino, y tienen razón: esa exigencia es contra el Estado, no contra el competidor. Pero muchos de esos comerciantes compran en las tiendas chinas para revender. Eso no los vuelve hipócritas. Los vuelve agentes económicos actuando frente a una brecha de precios que ellos no crearon. El problema no es que sepan comprar barato. Es que el Estado dejó un hueco fiscal tan grande que hasta el que se queja de él termina viviendo adentro.