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Mes de Sensibilización sobre el Cáncer de Mama
Martes 20 de octubre, 2020
Covid-19 en República Dominicana
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Miopía al máximo

El país cuenta con un bloque de nuevas instituciones que si funcionaran a plenitud con una plataforma de real independencia y apoyo presupuestario, la calidad de vida de los ciudadanos ya caminara la senda de las naciones más avanzadas.

Me refiero a Proconsumidor, Procompetencia y la Comisión de Defensa Comercial (CDC), que no han logrado la preeminencia necesaria ni han podido actuar con todo su potencial legal debido que el clientelismo, el populismo y “el compadreo” en la dirección del Estado se interponen como grandes valladares.

Es sorprendente, pero un ente anacrónico y prehistórico como Inespre, que sólo existe para pagar favores políticos, tiene más recursos asignados en el Presupuesto Nacional que las tres entidades sumadas. La relación deprime: RD$882.8 millones frente a RD$313.9 millones, casi el triple.

Proconsumidor, que a manos peladas ha logrado importantes precedentes, por falta de fondos no puede responder a la oleada de demandas de ciudadanos, que por años han estado huérfanos en un mercado salvaje, lleno de fieras y aves de rapiña que asientan sus riquezas en la carroña.

Procompetencia, que vendría a desarraigar la cultura de los carteles y el abuso de posiciones dominantes, no despega todavía. Y no es falta de voluntad ni desidia de sus integrantes. Es simplemente desinterés del establishment  político y torpedeo de los poderes fácticos que pescan abundantemente en mar revuelto.

La Comisión de Defensa Comercial ha hecho milagros con su magro presupuesto, evitando que empresas locales quiebren y aumenten el parque de desempleados, a través de sanciones a prácticas de dumping y otras deslealtades de comercio de entes económicos que distorsinan las bondades de la apertura comercial.

En síntesis, si no fuera por la falta de visión política, de autoridad y la cooptación ejercida por un poder económico constantemente reciclado,  los dominicanos disfrutáramos  de bienes y servicios de incuestionable calidad y a precios justos. Viviéramos una revolución contra el rentismo desmedido.

Lo peor es que este tema no forma parte de la agenda de los medios de comunicación, los políticos ni de los empresarios y menos de los miopes grupos sociales de presión.

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