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Mochilas: un "chin" y un "chon"

Mochilas: un
Narciso Isa Conde

Las mochilas de la diputada Yomaira Medina son un “chin” y a la vez un “chon” de corrupción e impunidad.

Poquito y muchísimo al mismo tiempo, aunque parezca contradictorio. Así es la dialéctica o la “movida” de la vida.

Un “chin”, porque se trata solo de tres mil mochilitas estudiantiles, que a cualquier precio es poquito dinero y un diminuto aprovechamiento del reinado de impunidad imperante en el país para proteger a quienes convierten política y cargos público en fuente de poder prolongado y  de usurpación del patrimonio social.

Un “chincito”, si se compara con casos como PEME, SUN LAND, RENOVE, PEPE-CART, manejo de las crisis bancarias, ARS, AFP, MAFIA DE LOS COMBUSTIBLES, CEA, CORDE-TRES BRAZOS, ODEBRECHT, CARTELES DE LA CONSTRUCCIÓN, METRO-DIANDINO, OISOE, OMSA, MAFIA IMPORTADORA, JCE-EQUIPOS ELECTRÓNICOS, ESTADO NARCO-CORRUPCIÓN (DNCD-PN-DNI-FFAA-PARTIDOS, corrupción en Arcadias Y CONGRESO y sus estallidos purulentos llamados Paya, Quirino, Toño Leña, Figueroa Agosto, Nelson Solano, Arturo del Tiempo Márquez…)… y paro de contar.

 Sí, las mochilas lucen un delito económico ínfimo frente al de PUNTA CATALINA, que involucra señeramente al hermano y jefe político de Yohaira; o frente al de los SUPER-TUCANOS, propiedad de Leonel.

Luce un “chincito”, cuasi insignificante ante los dos.

Pero a la vez es un “chon” y hasta un “chonsote” de corrupción e impunidad, si se tiene en cuenta que se trata de la hermana del Presidente Danilo Medina, diputada de la república y aspirante a Senadora; por demás hermana de Milcíades Medina, el impune de depredador mafioso del Parque Jaragua, involucrado en varios negocios de la corporación estatal-privada de la cúpula morada.

Es un “chon“ grandote… porque se trató de una turbia negociación con un suplidor textil, favorecido mafiosamente, antes y ahora, por el Ministerio de Educación (incluido su actual ministro Navarro); con el “textilero” Felipe Issa, que a la vez encabezó y encabeza un movimiento pro-reelección del actual Presidente Medina.

 Es un “chonsote”, porque devela una de las formas de operar de este sistema corrupto y corruptor, en el que empresarios delincuentes y funcionarios de igual calaña -parte del tinglado de la Corporación Morada- se las ingenian para robarse y/o usar los dineros y bienes de los contribuyentes -mucho o poco, según la ocasión- para disfrutar fortunas y fortunitas, y perpetuarse en las funciones públicas asociados a empresas conexas.

Visto que la mochila es la misma y el suplidor también, es irrelevante establecer si el ocultamiento de la etiqueta oficial original es responsabilidad de Yomaira, de su Fundación, de su marido o del “empresario” favorecido.

La propia Fundación es uno de los cuerpos del delito de todo un sistema de corrupción e impunidad, que cada día exhibe más elocuentemente su podredumbre.

Como lo son  muchas otras fundaciones y ONGs alimentadas con dinero sustraído al Estado a través de vínculos políticos y modalidades de soborno y auto-soborno.

Como lo es en grande, por ejemplo, la FUNDACIÓN GLOBAL.

 De los barrilitos ni hablar.

No hay, pues, “tutía”: está claro que Yomaira es parte de ese sistema y de esa corporación de la corrupción, por más que patalee y lloriquee.

Es, además, parte significativa del nepotismo presidencial, incluido en su propia y privilegiada facción dentro de esa corporación morada, a cargo hace casi 20 años de la mayoría de los casos señalados, ya con Leonel o con Danilo a la cabeza; sin excluir la extensión de las culpas históricas y actuales hacia los PRSC, PRD-PRM y comparsa en los demás casos mencionados.

Este hecho, ni por chiquito en el monto, ni por la torpeza y desfachatez que exhibe, debe ser minimizado; mucho menos cargado exclusivamente a una de las partes del binomio, suficientemente enriquecida como para cargar temporalmente con la culpa, camino a ser “enfriado” para la posterior rehabilitación del socio privado; como ha acontecido en otros casos parecidos.

Esta advertencia es pertinente dado que en este “casito” todas la maniobras encubridoras lucen destinadas a proteger a la familia real, al Ministro del ramo y al Monarca de turno; contando, además, con un sistema de justicia secuestrado y bajo tutela del Palacio Nacional.

Otra vez queda evidente que el problema no es un caso, ni dos, ni tres.

Es un sistema a desmontar y reemplazar.

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