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Monólogo de un sábado

Monólogo de un sábado
Víctor Bautista

Ese espermatozoide fecundador del óvulo que te dio vida debió haber muerto en el camino antes de ejecutar su misión, pero como no ocurrió quizás el siguiente episodio pudo haber sido un aborto y que no llegaras a ver la luz del sol ni a respirar el aire de la humanidad, porque todo lo que merecías era quedarte trabado en la nada.

En caso de que la fuerza del destino decretara que debías ser un ser vivo habría constituido un gran aporte al universo como cucaracha o, a lo sumo, una rata de alcantarilla de fugaz existencia, aunque, a decir verdad, esas especies te superan y siento que ofendo su dignidad con mi deseo.

Si no había forma de evitar que fueses bípedo, para sumarte a muchos entes malditos, perversos, retorcidos, aberrantes, contaminantes del mundo, no habría estado mal que salieses un ser inmóvil, ahogado en tu propio veneno sin posibilidad de inocularlo, sentado en el charco de tus propias excretas, en tu miasma, en tus residuos fétidos.

Pero, oh ironía, la vida te dio oportunidades que millones de personas reales, sanas y equilibradas desearían. Llegaste a ser empresario (yo diría mejor negociante, que se adapta algo más a tu categoría), amasaste dinero y subyugaste a gente víctima de la inequidad en una especie de compra vil.

No llego a otra conclusión cuando pienso cómo te apoderaste y mancillaste a una niña de 16 años, teniendo tu 22, y te multiplicaste sobre ella engendrando a tres inocentes, quienes sería espectadores forzados del trágico teatro que fue tu vida, testigos de tu amargura, impotencia, complejos, inferioridad y ansias de dominio hasta el derramamiento de sangre.

Tuviste suerte para poder dar riendas sueltas a tu furia y desencadenar los demonios que llevabas dentro, hallando el apoyo de fiscales y jueces turbios que no nos merecemos, pero, más que todo, logrando la indiferencia de un sistema que premia a los ineptos, reptantes, dañinos, inútiles y corrompidos teatreros de poca monta.

Te saliste con la tuya, cumpliste tu propósito más profundo de eliminar a una mujer valiosa, muy superior a ti, a quien nunca mereciste y lo peor son las secuelas, la traza de un dolor indestructible que dejas en tres corazoncitos limpios. Si el infierno es algo más que una figura literaria dantesca, tú debes arder ahí sintiendo las llamas por los siglos de los siglos. Maldito.

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