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Manual para aprender a entender a los hombres

Manual para aprender a entender a los hombres
Manual para aprender a entender a los hombres

Dicen que las mujeres somos muy complicadas de entender, pero los hombres no se quedan atrás.

¿El problema? Este viernes en Tendencias un Manual para que aprendas a descifrar a los hombres. A veces  no sabemos si es que no estamos en la misma sintonía y nuestras palabras, huecas para él, acaban dejando un regusto amargo: ‘él nunca me entiende’, ‘no hay nada que haga bien para ella’, son reproches habituales en las parejas. Si no quieres que la convivencia te pille desprevenida, te contamos todo lo que debes saber de los hombres y nunca te han dicho. Eso sí, con cierta dosis de ironía y mucho humor.

El juego del macho. Los hombres juegan al ser el más ‘macho’ delante del resto de los hombres para mostrar su fuerza y su poder. ¿El problema? Que no sólo resaltan su masculinidad, pavoneándose ante las féminas, sino que en ocasiones acaban cayendo en el machismo para no ser juzgado por el resto ‘de la manada’. Defienden lo que ellos consideran ‘sus posesiones’ marcando territorio, y entre estas posesiones nos encontramos nosotras. Incluso no dudan en utilizar la violencia si se sienten amenazados. Una buena noticia: la competitividad disminuye en la madurez.

El trabajo, su tema favorito. El trabajo ocupa, aproximadamente, el 95 por ciento de sus conversaciones. No lo hacen por fastidiar, sino por necesidad. Necesitan demostrar ante sí mismo su valía. También es una estrategia muy buena que utilizan cuando tienes que hacerle un reproche: “lo siento cariño, pero un cliente de última hora me entretuvo más de la cuenta”. Eso sí, es el único tema que no le deja sin palabras. Ese y el fútbol, claro.

Su particular manera de soltar el estrés Si bien tú te mueres por un buen masaje después de un día duro de trabajo para eliminar el estrés, él prefiere otras formas algo más rudimentarias. ¿Cuáles? Ver la tele, navegar por Internet, tomarse una cervecita bien fresquita y, si se encuentra sólo y con ganas, masturbarse. El final perfecto para conseguir la relajación total.

Su fobia al compromiso. El hombre y el compromiso, son como el agua y el aceite: luchan por no mezclarse nunca. Siempre buscan alguna excusa tonta para huir como de la peste: «es celosa», «es mandona», «demasiado alta», «demasiado baja»… Porque cumplir con un compromiso significaba atarse a esa decisión, a esa persona para siempre y no volver a ser libres, como realmente desean. Poder asumir esta responsabilidad es una cuestión de madurez y, en general, a los hombres les cuesta bastante madurar.

Son los hombres de la casa, aunque mandamos nosotras. Se las dan de hombres de la casa, aunque realmente su liderazgo acaba cuando salen de la oficina.

Por eso pasan tanto tiempo fuera de casa, porque no quieren abrir los ojos a la realidad: en casa quien lleva los pantalones son las mujeres. Sólo el abandono conyugal les convierte en verdaderos ‘amos de la casa’ (siempre que no estén tan perdidos que acaben de nuevo en casa de sus madres o, lo que es aún peor, de algún eterno soltero de la pandilla). Pero rompamos una lanza a su favor: los hombres de hoy en día cada vez son más caseros y aceptan de buena gana la situación.

A ellos también les preocupa cómo conquistar a una chica. Debajo de esa seguridad aparente se esconde un niño con los mismos miedos que nosotras a la primera cita, a la primera vez. Primero por el miedo al rechazo, porque duele, es humillante, cabrea y, además, provoca inseguridad. Y mucho mayor es aún su miedo cada ‘primera vez’ con una chica, sobre todo si siente algo por ella. Miedo a sufrir impotencia, a la eyaculación o, simplemente, a no dar la talla.

A no cumplir las expectativas de unas mujeres cada vez con más experiencias y, sobre todo, con más exigencias. Eso sí, nunca lo reconocerán. Ante cualquier imprevisto desagradable, tendrán alguna salida del tipo: el estrés, el trabajo, los medicamentos de la gripe…

Eso de estar pendientes de los detalles no van con ellos. Pasan por encima de los detalles, como si te has puesto los pendientes nuevos o si esos pantalones realzan tu michelín. No lo hacen por maldad, es que, simplemente, esas cosas no les importan. Porque los hombres son funcionales y si algo no les va a llevar a ningún sitio, ¿por qué preocuparse? Así que mejor, evitémonos frustraciones y dejemos de esperar que, por fin, entienda algo de lo que le decimos. Esto no va a suceder.

Su cada vez más cuestionado, deseo insaciable por el sexo. Si hacemos una encuesta por nuestra ciudad de ¿quién tiene más deseo sexual, los hombre o las mujeres? Seguramente saldría que los hombres. Es el rol social que les ha tocado vivir. Los científicos llegan a afirmar que es la testosterona la causante de esta necesidad inagotable. Pero la realidad vuelve si no a derribar, sí a cuestionar estas razones médicas: los hombres no siempre están listos para el sexo, no son vibradores que basta con enchufarlos para ponernos a jugar. Puede que él esté en uno de esos días en que le duele la cabeza.

No me pasa nada’ realmente quiere decir eso, ‘no me pasa nada’. En el diccionario masculino, decir que ‘no me pasa nada’ equivale a ‘no me pasa nada’, no como en el diccionario femenino que significa ‘me siento fatal y necesito que me abraces y me repreguntes por enésima vez qué me pasa’. Si está en silencio, quizás es que necesite realmente ese silencio. Por eso no insistas, es muy frustrante oír una y otra vez la misma respuesta, sobre todo cuando se espera una contestación algo más elaborada.

Son más vulnerables de lo que aparentan. Los hombres son mucho más débiles de lo que aparentan, aunque su rol no permita exteriorizarlo y la sensibilidad sea una característica asignada tradicionalmente a la mujer (y a los gays).

Además, según van cumpliendo años, se van volviendo particularmente más ‘blanditos’.

Según explica el doctor Louann Brizendine, profesor de Psicología Clínica en la Universidad de California (San Francisco), vivir en pareja puede aminorar esta vulnerabilidad, puesto que sus niveles hormonales disminuyen la ansiedad. El romanticismo lo demuestran de otra manera, en pequeños gestos que hay que saber captar.

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