La Habana.- El canciller cubano, Bruno Rodríguez, informó este jueves que agradeció a sus homólogos de China y Rusia su apoyo y solidaridad con la isla, que atraviesa un momento de gran tensión con Estados Unidos y enfrenta su peor crisis económica y energética en décadas.
Rodríguez refirió en redes sociales que, en su conversación telefónica con el canciller chino, Wang Yi, intercambiaron sobre «la actual coyuntura regional e internacional y la necesidad de defender la paz, el Derecho Internacional y la soberanía«.
Subrayó que agradeció «los ofrecimientos de ayuda» de China a Cuba, así como los pronunciamientos de apoyo y solidaridad de Pekín, que «revalidan el carácter especial de los lazos históricos entre ambos países socialistas».
Continuidad de relaciones bilaterales
- «Reafirmamos la voluntad de continuar fortaleciendo nuestras relaciones y elevarlas a niveles superiores», añadió Rodríguez.
También informó que habló con el ministro de Exteriores de Rusia, Serguéi Lavrov, a quien expresó su gratitud por el «apoyo resuelto» que ha expresado «a la defensa de nuestra soberanía nacional y el derecho de Cuba a elegir su propio destino».
El ministro cubano indicó que dieron «continuidad» al intercambio de temas que abordaron durante su reciente visita a Moscú, «centrados en el impulso de los vínculos bilaterales en diferentes sectores».
Contexto económico y energético
Estos contactos de Cuba con China y Rusia, países con los que mantiene una alianza estratégica, política y económica, se producen en un contexto de precaria situación económica, agravada por las presiones de Washington, particularmente el asedio petrolero que ha colocado al país al borde del colapso por falta de combustibles.
Cuba ha mantenido históricamente relaciones estrechas con China y Rusia, consolidando alianzas estratégicas, políticas y económicas que se remontan a la Guerra Fría. Estos vínculos han permitido a la isla acceder a cooperación económica, asistencia técnica y apoyo diplomático, especialmente en momentos de presión internacional.
Durante décadas, Cuba ha enfrentado un embargo económico impuesto por Estados Unidos, el cual ha limitado el acceso a mercados, financiamiento y recursos esenciales, afectando especialmente sectores estratégicos como la energía, el transporte y la alimentación.
Este bloqueo ha sido reforzado en distintos momentos por medidas adicionales, incluidas restricciones al combustible y la importación de productos básicos, lo que ha generado crisis periódicas que impactan directamente en la vida de la población.