Ciudad del Vaticano.- El papa León XIV reiteró que la pena de muerte es «inadmisible» para la Iglesia y defendió que la dignidad de la persona no se pierde ni siquiera tras delitos graves.

En un videomensaje por el aniversario de la abolición de la pena capital en Illinois (EE.UU.), su lugar de nacimiento, el pontífice afirmó que el derecho a la vida es el fundamento de los derechos humanos.

«Afirmamos que la dignidad humana no se pierde tras delitos muy graves», dijo el papa en un mensaje dirigido a la Universidad DePaul de Chicago.

Postura de la Iglesia sobre la pena de muerte

Además, señaló que existen sistemas de detención eficaces que protegen a la sociedad sin eliminar la posibilidad de redención de los culpables.

Recordó que la Iglesia enseña que toda vida humana es sagrada, desde la concepción hasta la muerte natural.

Referencias doctrinales y contexto internacional

El papa indicó que tanto Francisco como sus predecesores defendieron que se puede garantizar el bien común sin recurrir a la pena capital.

También citó el Catecismo de la Iglesia Católica, que considera esta práctica inadmisible por atentar contra la dignidad humana.

Al final del mensaje, León XIV celebró la abolición en Illinois en 2011 y expresó su apoyo a quienes buscan eliminar la pena máxima en Estados Unidos y el mundo.

En Estados Unidos, la pena capital es legal en 27 estados, aunque algunos mantienen moratorias que frenan las ejecuciones.

Según la ONG Death Penalty Information Center, en 2025 hubo 47 ejecuciones, con una cifra destacada en Florida.

Para 2026 hay programadas 32 ejecuciones, de las cuales ya se han realizado varias en el país.

«Rezo para que sus esfuerzos promuevan la dignidad de cada persona y motiven a otros a esta causa», concluyó el papa.

La pena de muerte ha sido históricamente una de las sanciones más controvertidas dentro del derecho penal, utilizada por distintos Estados como castigo para delitos graves. Su aplicación se remonta a civilizaciones antiguas, pero en las últimas décadas ha sido objeto de un creciente debate ético, jurídico y social a nivel global.

En el ámbito religioso, la postura de la Iglesia Católica ha evolucionado significativamente. Durante siglos, no rechazó de forma absoluta la pena capital, pero progresivamente fue limitando su aceptación hasta considerarla incompatible con la dignidad humana en el mundo contemporáneo.