Las tensiones entre Rusia y Ucrania volvieron a escalar este lunes, luego de que Moscú anunciara nuevos ataques contra Kiev y exigiera la salida inmediata del personal diplomático extranjero de la capital ucraniana. La advertencia llega apenas días después del mayor bombardeo registrado sobre la ciudad desde el inicio de la invasión rusa en febrero de 2022.
Nueva amenaza sobre Kiev
El Ministerio de Exteriores ruso informó que las fuerzas armadas iniciarán “ataques sistemáticos” dirigidos contra “centros de toma de decisiones” y puestos de mando en Kiev. Según el comunicado oficial, la operación busca responder a recientes acciones militares ucranianas en territorios ocupados por Rusia.
La amenaza provocó reacciones inmediatas en Europa. El gobierno de Francia rechazó evacuar a sus diplomáticos y calificó las declaraciones rusas como una nueva estrategia de intimidación. Por su parte, el canciller ucraniano, Andriy Sybiga, denunció que Moscú intenta ejercer “chantaje político” para debilitar el respaldo internacional hacia Ucrania.

Bombardeo y reacción europea
Durante la noche del sábado y la madrugada del domingo, Rusia lanzó una ofensiva masiva compuesta por aproximadamente 90 misiles y más de 600 drones, de acuerdo con las fuerzas aéreas ucranianas. El ataque dejó al menos cuatro muertos y más de 80 heridos, además de graves daños en zonas residenciales, escuelas, centros comerciales y edificios históricos de Kiev.
Entre los lugares afectados se encuentran el Museo Nacional de Chernóbil y el Museo Nacional de Arte de Ucrania, ambos alcanzados por explosiones que destruyeron parte de sus instalaciones y patrimonio cultural.
Impacto en patrimonio cultural
Uno de los aspectos que más preocupación generó en la comunidad internacional fue el uso del misil balístico hipersónico Oreshnik, un proyectil con capacidad nuclear que Rusia empleó por tercera vez desde el inicio del conflicto. El misil impactó en Bila Tserkva, ciudad ubicada a unos 80 kilómetros al sur de Kiev.
- La jefa de la diplomacia de la Unión Europea, Kaja Kallas, calificó el uso del arma como “una táctica irresponsable de intimidación nuclear”.
Moscú justificó el ataque como represalia por un supuesto bombardeo ucraniano ocurrido el pasado 22 de mayo en Starobilsk, localidad bajo control ruso en la región de Lugansk. Sin embargo, Ucrania negó haber atacado objetivos civiles y aseguró que sus operaciones estaban dirigidas únicamente contra infraestructura militar.
Mientras las negociaciones de paz permanecen paralizadas, el conflicto continúa agravándose y elevando el temor a una nueva escalada militar en Europa del Este.
