Bogotá.- La Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) imputó este jueves a cinco exjefes del Bloque Caribe de las antiguas FARC por crímenes de lesa humanidad cometidos contra comunidades indígenas y afrocolombianas de la Sierra Nevada de Santa Marta y la Serranía del Perijá, en el norte de Colombia, entre 1996 y 2007.

Patrón de control territorial de las FARC

La decisión de la Sala de Reconocimiento de Verdad y Responsabilidad de la JEP concluyó que la antigua guerrilla implementó un «patrón macrocriminal de control territorial» que afectó de manera sistemática a los pueblos kankuamo, wiwa, kogui, arhuaco, wayúu, ette ennaka y yukpa, así como a la población afrocolombiana.

Según la JEP, los hechos investigados no fueron aislados, sino parte de una estrategia para consolidar el dominio político, militar, social y cultural de las FARC sobre estos territorios étnicos.

Imputan a cinco exjefes de las FARC por crímenes contra pueblos étnicos colombianos

La investigación identificó cinco modalidades de actuación: la cooptación de organizaciones indígenas y afrodescendientes; la eliminación o desplazamiento de personas consideradas enemigas o colaboradoras de otros grupos armados; el castigo a quienes no cumplían con las reglas de las FARC; el control sobre mujeres y niñas mediante violencias basadas en género, y la ocupación de territorios y lugares sagrados.

Los imputados señalados como máximos responsables son Abelardo Caicedo Colorado, conocido como Solís Almeida; Luis Alejandro Cuadras Solórzano, alias Leonardo Muñoz; Gilberto Giraldo, alias Aldemar Altamiranda; Héctor Hernández, alias Fabio Borges; y Marcos Martínez, alias Silfredo.

423 hechos y 1.590 desplazados

La JEP documentó 423 hechos victimizantes atribuidos al Bloque Caribe en 27 municipios; de ellos, 163 corresponden a asesinatos, 211 a desplazamientos forzados, 53 a desapariciones y 25 a casos de violencia sexual.

«La investigación también estableció que al menos 1.590 personas fueron desplazadas forzosamente; la mayoría, integrantes de los pueblos wiwa, afrocolombiano y kankuamo».

La Sala destacó que los daños ocasionados trascendieron a las víctimas individuales y comprometieron la supervivencia física, cultural y espiritual de las comunidades, al afectar sus sistemas de gobierno propio, sus prácticas ancestrales y su relación con territorios considerados sagrados.

Los cinco imputados tienen un plazo de 30 días hábiles para aceptar o rechazar las denuncias: si reconocen su responsabilidad, continuarán en el proceso restaurativo de la JEP.

En el caso contrario, serán remitidos a la Unidad de Investigación y Acusación, que podrá llevarlos ante el Tribunal para la Paz, en el que enfrentarían penas de hasta 20 años de prisión y perderán los beneficios que les otorga la JEP.

El conflicto armado en Colombia ha tenido un impacto profundo y prolongado sobre las comunidades indígenas y afrocolombianas, especialmente en regiones estratégicas del norte del país, como la Sierra Nevada de Santa Marta y la Serranía del Perijá. Estas zonas han sido escenario de disputas entre grupos armados ilegales por el control territorial, social y económico.

Las extintas FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) fueron uno de los principales actores del conflicto armado interno durante más de cinco décadas.

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