Aunque los efectos del fenómeno climático de El Niño en Perú se suelen asociar a la costa, donde inundaciones y precipitaciones ocasionan graves daños, una investigación presentada este lunes advirtió que la Amazonía también enfrenta un riesgo distinto, menos visible y «potencialmente devastador».

Si vuelven a coincidir las condiciones climáticas que desencadenaron la histórica temporada de incendios de 2024, el país podría enfrentar nuevamente un escenario de incendios forestales de gran magnitud», indica el estudio ‘El Niño y los incendios forestales en la Amazonía peruana: ¿Qué podemos esperar para la temporada 2026-2027?’.

La investigación, elaborada por Conservación Amazónica (ACCA), analiza la relación entre los eventos de El Niño, las sequías extremas y los incendios forestales registrados en la Amazonía peruana, así como el nivel de preparación institucional para enfrentar un escenario similar en los próximos meses.

El documento explica que El Niño por sí solo no determina la ocurrencia de temporadas extremas de incendios en la Amazonía, sino que además tienen que coincidir con temperaturas excepcionalmente altas en el Atlántico Tropical Norte, condiciones severas de sequía y presiones humanas, como la expansión agrícola, la deforestación y el uso del fuego para habilitar nuevas áreas de cultivo.

Durante 2024, sí se dieron este conjunto de factores, lo que generó la temporada más severa de incendios forestales registrada en la Amazonía peruana desde que existen datos comparables, con aproximadamente 240.000 hectáreas de bosque, áreas agrícolas y otros ecosistemas amazónicos afectados.

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El estudio advierte que actualmente los pronósticos internacionales muestran una alta probabilidad del desarrollo de un evento de El Niño de fuerte magnitud durante el periodo 2026-2027, por lo que el país dispone de una ventana de oportunidad para fortalecer la prevención y prepararse antes de que las condiciones evolucionen.

Lo que muestra la evidencia científica es cuáles son las condiciones que incrementan significativamente ese riesgo y por qué debemos monitorearlas permanentemente. Todavía estamos a tiempo de prepararnos antes de que esas variables coincidan nuevamente», señaló el director de tecnologías para la conservación de ACCA, Sidney Novoa.

Además, el estudio indica que en varios de los territorios que fueron afectados por los incendios de 2024 aún no existen planes actualizados de prevención de incendios forestales; la disponibilidad de compañías de bomberos es limitada y concentrada principalmente en capitales provinciales, y no se ha ejecutado la mayor parte del presupuesto destinado a la gestión del riesgo de desastres.

Estos resultados evidencian que el reto no está únicamente en contar con presupuesto, sino en lograr que los recursos se ejecuten oportunamente para fortalecer la prevención y la capacidad de respuesta antes de una nueva temporada crítica.

La experiencia de 2024 demostró que los incendios forestales pueden generar un impacto muy fuerte en bosques tropicales húmedos, donde tradicionalmente no ocurrían; atender estas emergencias cuando ya están fuera de control resulta mucho más costoso, tanto económica como ambientalmente», añadió Novoa