En Cali todavía hay personas esperando. Esperan frente a un perímetro acordonado, detrás de una cinta amarilla, en una carpa, en un hospital o en el silencio de sus casas, alguna noticia sobre un familiar que no volvió.

Ha pasado una semana desde que un terremoto de magnitud 7,4 sacudió a Colombia a las 7:35 de la mañana del 10 de agosto, cambiando la vida de miles de personas en el país y en esta ciudad, que vive en la nostalgia por el constante paso de caravanas de servicios funerarios.

El terremoto deja hasta el momento 130 personas fallecidas, 1.485 heridas y 88 rescatadas en Cali, pero la búsqueda continúa en cuatro puntos: el Hospital Universitario del Valle (HUV), los edificios Vanessa y Ana Pilar y las Torres del Limonar, donde todavía permanecen 19 cuerpos que no han podido ser recuperados.

Las autoridades coordinan en los puntos de emergencia a los organismos de socorro y a voluntarios para evitar cualquier eventualidad.

«En estos sitios hay remoción de escombros, hay riesgo biológico; si las tareas no se hacen coordinadas, podemos tener más personas afectadas. No queremos víctimas adicionales», explica a EFE el secretario de Seguridad de Cali, Javier Garcés.

En los alrededores de los 43 edificios colapsados hay perímetros de seguridad para evitar que quienes no participan directamente en las labores de rescate se expongan a un accidente.

La ciudad, que durante los primeros días se volcó a rescatar a personas atrapadas bajo lo que fueron sus casas, entra ahora en una etapa distinta: recuperar cuerpos, atender a los sobrevivientes y comenzar a reconstruir.

El drama de la salud mental

Durante las primeras 48 horas, los hospitales recibieron a los heridos y la prioridad fue estabilizar la red de atención. Sin embargo, el miedo continúa en el ambiente, como el dolor por quienes ya no están.

Los equipos de salud trabajan en primeros auxilios psicológicos y contención de la incertidumbre, mientras preparan una respuesta para una etapa mucho más larga. Entraremos en una etapa que seguramente durará incluso meses o años por el duelo», advierte a EFE el secretario de Salud de Cali, Germán Escobar.

En el Coliseo de Hockey Miguel Calero permanecen albergadas unas 160 personas, y otro grupo está instalado en el Coliseo Metropolitano del Norte, pero los dramas también se viven en los parques de los barrios, donde hay carpas con personas pasando la noche.

La prioridad es concentrar la atención en estos espacios para caracterizar a las familias y garantizar asistencia en salud, apoyo sicosocial y protección para los niños y las mujeres”, señala a EFE Mabel Lara, jefa de Proyectos Estratégicos de la Alcaldía de Cali.

Setenta años y tres días

La emergencia que hoy vive Cali deja una coincidencia en el calendario que los caleños no pueden pasar por alto.

El 7 de agosto de 1956, exactamente 70 años y tres días antes del terremoto, Cali vivió otra de las mayores tragedias de su historia por la explosión de 40 camiones del Ejército cargados con dinamita.

La onda expansiva de aquel entonces destruyó media ciudad y dejó cerca de 4.000 muertos y unos 12.000 heridos.

Es increíble que estemos viviendo esto tan duro; la diferencia es que esta vez no fue una explosión, fue la propia naturaleza», aseguró Lina Espitia, en uno de los sitios de albergue.

Los animales también viven el drama

Entre el 10 y el 16 de agosto, 123 animales de compañía ingresaron con vida al Centro de Bienestar Animal de Cali, donde recibieron atención y protección. Otros 28 fueron encontrados muertos y 367 mascotas han sido dadas como desaparecidas.

Los equipos de la Unidad Administrativa Especial de Protección Animal también han atendido a 79 animales en los puntos críticos, mientras sus familias continúan buscándolos.

La ciudad empieza a mirar hacia adelante

Una semana después del terremoto que cambió la rutina de Cali, las máquinas siguen retirando escombros y los equipos de emergencia continúan entrando a lugares donde no habían podido llegar.

El próximo viernes, cuando se espera que hayan sido rescatados todos los cuerpos, habrá una jornada de velas, oración y reflexión con representantes de distintas iglesias y de toda la sociedad para recordar a quienes murieron en este terremoto que en Colombia deja, hasta la fecha, 287 fallecidos, 4.147 heridos y 194 desaparecidos.

Será una jornada para acompañar a quienes siguen esperando y para comenzar a reconstruir una ciudad que, una vez más, tendrá que aprender a levantarse de sus propias ruinas.