Kinshasa. – La República Democrática del Congo enfrenta su peor brote de ébola registrado desde que comenzaron los registros de la enfermedad en el país. El número de fallecidos llegó a 2,325, superando las 2,299 muertes provocadas por el brote de 2018-2020.

Los datos oficiales más recientes contabilizan, además, 4,945 casos confirmados, lo que convierte al actual episodio en el más grande que ha enfrentado el país, tanto por número de contagios como por muertes. A nivel mundial, solo está por detrás de la epidemia que golpeó África Occidental entre 2014 y 2016.

Cifras récord del brote en Congo

El brote fue declarado oficialmente el 15 de mayo y se concentra principalmente en el este del país. Desde entonces, la enfermedad ha avanzado con rapidez y ya afecta a seis provincias, mientras las autoridades enfrentan dificultades para localizar a los infectados y cortar las cadenas de transmisión.
Casi la mitad de los casos confirmados terminan en muerte.

Uno de los datos que más preocupa a los especialistas es la tasa de letalidad.

Actualmente, alrededor del 47% de los pacientes confirmados han muerto, una proporción que aumentó considerablemente desde comienzos de junio, cuando se situaba cerca del 20%.

Sin embargo, los expertos advierten que el incremento no necesariamente significa que el virus se haya vuelto más agresivo.

El problema estaría relacionado, en buena medida, con la detección tardía de los pacientes. Thomas Parisch, especialista en salud pública de Médicos Sin Fronteras, explicó que muchos enfermos son identificados cuando la enfermedad ya se encuentra avanzada e incluso después de que han fallecido en sus comunidades.

Esto reduce las posibilidades de supervivencia y, al mismo tiempo, dificulta que los equipos sanitarios identifiquen a las personas que tuvieron contacto con los pacientes. El virus avanza más rápido que la respuesta.

La magnitud de la epidemia también se explica por la velocidad con la que se está propagando.

Reuters reportó que el actual brote está avanzando aproximadamente cinco veces más rápido que episodios anteriores en el Congo durante una etapa comparable. Además, entre el 70% y el 80% de los nuevos casos no tienen una conexión conocida con otros pacientes, una señal de que existen cadenas de transmisión que todavía no han sido detectadas.

La situación es especialmente compleja en el este del país, una región afectada durante años por conflictos armados y desplazamientos de población.

La violencia dificulta el acceso de los equipos médicos a determinadas comunidades, mientras que la desconfianza hacia las autoridades sanitarias y las dificultades para realizar vigilancia epidemiológica retrasan aún más la identificación de nuevos casos. Una cepa para la que no existe una vacuna aprobada

Factores que agravan la epidemia

Otro obstáculo importante es el tipo de virus responsable del brote. Se trata de la especie Bundibugyo, mucho menos frecuente que la variante Zaire, que estuvo detrás de anteriores grandes epidemias de ébola.

Para la cepa que circula actualmente en el Congo no existe una vacuna autorizada ni un tratamiento específico demostrado, aunque se están evaluando vacunas y terapias experimentales. La evidencia disponible todavía es limitada. La diferencia es relevante porque, a diferencia de este brote, para la especie Zaire existen herramientas preventivas y tratamientos que han sido utilizados en epidemias anteriores.

El sistema sanitario también está bajo presión. La epidemia no ocurre en un vacío. Los servicios de salud congoleños ya enfrentaban importantes limitaciones antes de que comenzara el brote.

Los equipos encargados de localizar contactos y vigilar nuevos contagios están sobrecargados, mientras que la falta de financiación y las dificultades para mantener personal sanitario en las zonas afectadas han reducido la capacidad de respuesta.

La Organización Mundial de la Salud informó este martes que ha conseguido alrededor del 60 % de los 115 millones de dólares necesarios para financiar la respuesta contra el brote. El organismo considera que todavía existe la posibilidad de controlar la epidemia en unos tres meses, pero condiciona ese escenario a que lleguen los recursos necesarios.

La respuesta sanitaria, además, comenzó a reforzarse con la incorporación de 400 camas hospitalarias adicionales y el próximo despliegue de más epidemiólogos para intensificar la búsqueda y seguimiento de casos. Uganda logró contener la expansión

El brote también llegó a la vecina Uganda, pero las autoridades de ese país consiguieron limitar su impacto.

Uganda confirmó 20 casos y dos muertes antes de declarar controlado el episodio el mes pasado. La experiencia contrasta con la situación del Congo, donde la identificación tardía y las dificultades para acceder a determinadas comunidades han permitido que el virus continúe circulando. Una emergencia que todavía puede empeorar

El actual brote ya superó al de 2018-2020, que durante años había sido considerado el episodio más grave en la historia del Congo.

La epidemia de África Occidental de 2014-2016 continúa siendo la más mortífera registrada a nivel mundial, con 28,616 casos y 11,310 muertes en Guinea, Liberia y Sierra Leona, según la Organización Mundial de la Salud. Pero la preocupación actual no se centra únicamente en el número de fallecidos.

La falta de detección temprana, la circulación del virus fuera de las cadenas de contagio conocidas, el conflicto armado y la ausencia de una vacuna aprobada para la cepa Bundibugyo están creando una combinación especialmente difícil de controlar.

La OMS considera que todavía es posible frenar la epidemia. El problema es que, mientras los equipos sanitarios intentan ampliar la vigilancia, el virus continúa encontrando personas que todavía no han sido identificadas por el sistema de salud.