Cali, Colombia. – Cada martes por la noche, entre el humo que envuelve calles dominadas por el microtráfico de drogas, decenas de perros y gatos esperan la llegada de un grupo de voluntarios que reparte alimentos en el barrio Sucre, uno de los más golpeados de la ciudad colombiana de Cali, una obra que beneficia no solo a los animales, sino también a quienes los cuidan.
Rocky cambió su vida
A Walter Castro, su perro Rocky le salvó la vida y lo sacó de las calles.
- Él era vendedor de drogas en una de las calles más transitadas del barrio Sucre, una de las ‘ollas’, como se conoce en Colombia a las zonas donde se comercializan estupefacientes, más populares de Cali.
Sin embargo, cada martes en las noches, el mundo era más amable con el perro, quien veía como salvación a un grupo de jóvenes del ‘voluntariado interespecie’ de la Fundación Samaritanos de la Calle, que le brindaban un plato de comida.
«Un día ese man (Rocky) se enfermó y me dejé convencer de esos muchachos de que lo atendieran. Tenía un tumor y se le estalló cuando se lo estaban llevando. Corrieron a curarlo, le hicieron quimioterapias y se salvó», expresa Castro a EFE.
El ‘voluntariado interespecie’ está liderado por José Ómar Díaz Muñoz y Yuri Andrea Cañas, una pareja de esposos que trabajan en la Fundación Samaritanos de la Calle y vieron la necesidad de ayudar a los humanos, pero también a sus compañeros de cuatro patas.
«Semanas después, cuando fui a recoger el perro, lo vi gordito; ya no era agresivo y no se quiso regresar conmigo a las calles: prefirió irse con José y Yuri. Ese man me inspiró: si él pudo, yo también podía. Dejé el vicio hace tres años y hoy trabajo en lo legal”, añade Castro.
Cómo funciona la ayuda
Antes de salir a las calles, un grupo de personas se reúne y cocina una sopa rica en hígados de pollo, carne, avena y otros ingredientes que alimenta a 400 animales callejeros.
Los voluntarios salen con ella en dos rutas y, cuando dan los primeros pasos, aparecen gatos y perros de todos los colores que ya los conocen y esperan su porción.
«Esta labor nos ha permitido acercarnos a los habitantes de calle, a entenderlos y a ayudarlos. El amor por sus animales los ha llevado a transformar su vida y a nosotros, a llenar esas barriguitas llenas de inocencia», cuenta Yuri Cañas a EFE.
La jornada inicia a las 18:00 horas y termina a las 22:00. Entre humo, escombros y drogas, los voluntarios, vestidos de blanco, se abren paso en calles que dejan de ser hostiles por un rato.
Esta es una dosis de realidad que pocos ven, pero que existe. Es hora de que se dé una mirada a quienes están en la calle, se hable de ellos y se creen políticas públicas para darles bienestar», afirma a EFE Salomé Laverde, una de las voluntarias.
Atención y esterilización
En los recorridos, los voluntarios han encontrado animales enfermos o heridos y, gracias a un trabajo articulado con la Unidad Administrativa de Protección Animal (UAEPA) de la Alcaldía de Cali, han podido ser atendidos y más de 1.000 de ellos han sido esterilizados.
Muchas veces, estos tutores no tienen para pagar una habitación para dormir sus noches, mucho menos para llevar al médico a sus animales compañeros. Es ahí donde entramos nosotros, sin ningún costo», explica a EFE Miguel Ángel Burbano, veterinario de la UAEPA.
Sucre y la calle
Se estima que en Cali hay más de 6.000 habitantes de calle que viven del reciclaje o ventas informales. El barrio Sucre alberga a más de la mitad de ellos.
«Esos voluntarios son ángeles; hasta se saben el nombre de cada animalito que sale feliz de los cambuches (refugios improvisados) o de las ventas de chatarra. Nos alegran mucho la vida y cada martes seguirán siendo bienvenidos», concluye Walter Castro.
