Bantar Gebang (Indonesia).- El previsto cierre de Bantar Gebang, el gigantesco vertedero situado a las afueras de Yakarta, que cada día engulle la basura de una de las ciudades más grandes y contaminantes del mundo, amenaza el sustento de las miles de personas que sobreviven entre sus inmensas montañas de residuos.

Los camiones entran y salen del basurero sin descanso, descargando cada pocos minutos una nueva pila de desechos. A su paso, decenas de recicladores, con cestas de mimbre a la espalda y sombreros de ala ancha para protegerse del calor, se apresuran a rescatar y separar todo aquello que aún conserva algo de valor.

Entre ellos está Kurnaen, un hombre de 46 años que conoce este paisaje desde que era adolescente. Lleva más de tres décadas recorriendo sus laderas artificiales en busca de botellas, bolsas y otros plásticos que luego vende por unas 100.000 rupias indonesias al día, poco menos de cinco euros.

Es un ingreso que para él y las cerca de 8,000 personas que viven de Bantar Gebang representa una de las pocas oportunidades de ganarse la vida. «Esto es a lo que me dedico. Si este sitio cierra, no sé adónde iría», explica a EFE.

Las ya precarias condiciones de estos trabajadores se han visto agravadas por décadas de una gestión deficiente. El vertedero debía cerrar en 2013, pero la falta de alternativas ha aplazado ese objetivo año tras año.

Ahora, las autoridades justifican el futuro cierre por la sobrecapacidad, el impacto ambiental y sanitario, y la necesidad de modernizar el sistema de gestión de residuos.

A los pies del basurero

Con más de 110 hectáreas, este vertedero, considerado el más grande del Sudeste Asiático y uno de los más extensos del mundo, recibe cada día unas 7,000 toneladas de basura procedentes de Yakarta, en su mayoría residuos orgánicos.

Frente a la casa de Sanah, de 43 años, se acumulan grandes sacos llenos de cartones y botellas de plástico. Ella y su familia viven a los pies de Bantar Gebang, donde el olor a putrefacción nunca termina de desaparecer.

Décadas de acumulación han creado montañas de hasta 50 metros de altura, bajo las que se genera gas metano, un compuesto altamente inflamable y potente gas de efecto invernadero que eleva el riesgo de incendios y explosiones.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) alerta de que la mala gestión de los residuos se ha convertido en una amenaza para la salud pública al contaminar el aire, el agua, el suelo y los alimentos, especialmente de aquellas comunidades y trabajadores que dependen de los vertederos.

Sanah intentó alejarse de Bantar Gebang con la esperanza de encontrar otra forma de ganarse la vida. Al no conseguirlo, regresó al basurero, donde al menos tenía la certeza de poder conseguir unos ingresos con los que mantener a sus hijos.

Un trabajo esencial

Los recicladores recuperan materiales valiosos que, de otro modo, permanecerían en el vertedero», señala a EFE el director de Waste4Change, Junerosano, quien denuncia la falta de «salarios justos, equipos de seguridad laboral, protección sanitaria, capacitación y seguridad social» de estos trabajadores.

Su labor evita que miles de toneladas de residuos sigan acumulándose, por lo que las organizaciones ambientales y humanitarias reclaman que su trabajo sea reconocido e incluido en la transición hacia el nuevo modelo que las autoridades indonesias pretenden implantar.

Los cierres abruptos» de vertederos anteriores «han desencadenado graves crisis logísticas», entre ellas, «la basura no recogida, el aumento de vertederos ilegales, protestas públicas generalizadas o degradación ambiental», denuncia el activista de Greenpeace Abdul Ghofar

Sin embargo, Bantar Gebang no es un caso aislado. La mayoría de los vertederos del archipiélago operan muy por encima de su capacidad, un problema que el Gobierno del presidente Prabowo Subianto aspira a resolver antes de 2029.

En gran parte del archipiélago, las administraciones locales limitan sus actuaciones a la recogida, el transporte y la eliminación de los desechos, mientras que la separación de residuos sigue reducida a iniciativas comunitarias puntuales, según un estudio de la Universidad Gadjah Mada, la más grande y antigua de Indonesia.

El país, uno de los mayores generadores de residuos plásticos del mundo, figura también entre los más contaminados del planeta, según el informe mundial de calidad del aire de IQAir, que alerta sobre la mala gestión ambiental y los niveles nocivos de contaminación en Indonesia.

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