La Habana.- El expresidente cubano Raúl Castro cumplirá este miércoles 95 años, retirado de todo puesto formal, pero, a la vez, en el centro de todas las miradas, al liderar el diálogo bilateral con Washington y haber sido imputado penalmente hace unos días en Estados Unidos.
El también exguerrillero, exministro de las Fuerzas Armadas durante medio siglo y actual «líder al frente de la revolución cubana», según la terminología oficial, celebra su cumpleaños en un momento crítico para el sistema comunista que implantó con su hermano Fidel en Cuba a partir de 1959.
La isla se encuentra sumergida en la mayor crisis económica, social y energética en más de siete décadas y en el cénit —por el momento— de la campaña de máxima presión de EE. UU., que, además de un bloqueo petrolero y nuevas sanciones secundarias, no descarta una intervención militar para imponer cambios políticos y económicos en Cuba.
La incertidumbre le toca asimismo personalmente: tras su acusación por el derribo en 1996 de dos avionetas de una organización cubana en el exilio —y la muerte de sus cuatro tripulantes—, Washington ha asegurado que quiere llevarlo ante un tribunal, lo que ha despertado el fantasma de la captura de Nicolás Maduro en Venezuela.
El secretario de Estado de EE. UU., Marco Rubio, calificó a Castro de «fugitivo» de la Justicia estadounidense, y el fiscal general adjunto de ese país, Todd Blanche, descartó que el proceso fuese meramente simbólico: «Vamos a hacer todo lo posible para traerlo», afirmó.
Mientras, las conversaciones bilaterales le han vuelto a colocar explícitamente en el centro del tablero político, pese a haber dejado formalmente la dirección del país en 2018 y la del Partido Comunista de Cuba (PCC, único legal) en 2021.
- Desde entonces, el consenso en la isla consideraba que Castro seguía teniendo la última palabra en asuntos clave para el país. Sin embargo, la decisión de Washington de establecer contacto con él —a través de su nieto Raúl Guillermo Rodríguez Castro—, en lugar de con el Gobierno, ha evidenciado esta situación con crudeza y expuesto las contradicciones del sistema político cubano.
El presidente, Miguel Díaz-Canel, reconoció en parte esta situación al admitir en marzo que La Habana estaba manteniendo contactos con Washington —cuando EE. UU. llevaba semanas repitiéndolo— y señalar que en Cuba había una «dirección colegiada».
También está presente la cuestión de su salud, evidente por su edad. Sobre este extremo no hay información oficial, pero las dudas resurgen de forma recurrente, como cuando no participó hace unos días en los actos de repulsa convocados en La Habana tras su imputación en EE. UU.
Familia y legado
Las conversaciones con Estados Unidos, además, tienen algo de personal para el nonagenario, quien tiene motivos para pensar, más allá de los términos concretos de un acuerdo, en el sistema político-económico que contribuyó a poner en pie a lo largo de décadas, el futuro de su familia y su propio legado como revolucionario y estadista.
Porque, frente a las inercias de La Habana, Washington está exigiendo «cambios fundamentales» en el sistema económico y régimen político de la isla, como explicó en su reciente visita a Cuba el director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), John Ratcliffe.
La Habana, hasta ahora, sostiene que esos asuntos no son negociables, pues pertenecen al ámbito de la soberanía nacional. Algunos de ellos son, además, cuestiones en las que resulta evidente la impronta de Raúl Castro.
Él fue, por ejemplo, uno de los más firmes propulsores del comunismo en los primeros momentos —junto al guerrillero cubano-argentino Ernesto Guevara— y el artífice del incuestionable poder político y económico de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR).
Impulsó asimismo la creación del conglomerado empresarial del ejército, Gaesa, recién sancionada por EE. UU. Castro, como ministro primero y presidente después, favoreció el crecimiento de este gigante hasta su posición actual de primera empresa del país, con intereses en el turismo, las telecomunicaciones, la energía, las finanzas, el sector inmobiliario y la logística.
Castro también está detrás de las reformas económicas —tímidas y desiguales— que se han implementado en la isla desde 2011, que han cambiado el panorama en el país —ampliando las posibilidades de propiedad privada y el despegue de un incipiente sector privado—, pero sin alterar fundamentalmente las bases de un sistema estatista de organización centralizada.