Madrid. – La astronomía suele remontarse a lo acaecido hace millones de años, pero también puede mirar al futuro, con el estudio de un planeta que, extrañamente, sobrevivió a la muerte de su estrella, lo que ofrece una visión de lo que podría pasar en un futuro lejano al Sistema Solar.
Un equipo encabezado por la Universidad de Saint Andrews (Reino Unido) estudió uno de los sistemas planetarios «más extraños» que conocemos, señaló el investigador Christopher O’Connor, de la Universidad Northwestern (EE.UU.), uno de los firmantes del artículo.
WD1856b, un planeta fuera de escala
En la mayoría de los sistemas planetarios, las estrellas son mucho más grandes que sus planetas, pero en este caso WD185B es del tamaño de Júpiter, con un radio unas ocho veces mayor que el de la enana blanca a la que orbita, aproximadamente del tamaño de la Tierra, y lo hace a una distancia extremadamente cercana.
Las enanas blancas son restos estelares densos que quedan después de que una estrella similar al Sol agote su combustible y muera.
Cuando los astrónomos descubrieron en 2020 ese planeta gigante orbitando una estrella muerta, se preguntaron cómo había sobrevivido, contra todo pronóstico, a la fase de gigante roja de su estrella, cuando se quedan sin combustible y se hinchan hasta alcanzar más de cien veces su tamaño original.
Las gigantes rojas suelen engullir a los planetas cercanos antes de colapsar y convertirse en enanas blancas; así, cuando el Sol muera, en unos 5,000 millones de años, se tragará a Mercurio, Venus y, posiblemente, a la Tierra.
Nuestros hallazgos tienen implicaciones para el destino a largo plazo de nuestro Sistema Solar«, indicó O’Connor, cuando dentro de unos 5,000 millones de años el Sol muera y no se sabe con exactitud qué les sucederá a los planetas en ese momento.
El hecho de que los planetas puedan sobrevivir «amplía realmente el abanico de posibilidades sobre dónde y cuándo podrían existir planetas habitables en el universo».
Dos teorías sobre su supervivencia
Gracias al telescopio espacial James Webb, el equipo pudo estudiar la atmósfera, la masa y la temperatura (es considerablemente más cálido de lo esperado) del planeta para reconstruir su trayectoria y determinar la forma más probable por la que llegó a tener esa órbita.
Originalmente, el planeta habría orbitado a una distancia segura de la estrella, pero, miles de millones de años después de la muerte de esta, migró hacia ella, para situarse a una distancia 50 veces más cercana que la que separa la Tierra del Sol.
Los investigadores apuntan en su estudio, que publica Nature, dos teorías: una, que, efectivamente, fuera engullido por su estrella anfitriona mientras esta agonizaba y lograse sobrevivir en su interior para salir por el otro lado.
La segunda es que la migración del planeta se debió al efecto gravitatorio de otros objetos del sistema, pues la enana blanca forma parte de un sistema estelar triple, y esas compañeras más externas podrían haber influido en la órbita de WD1856b.
En ese escenario, el planeta permaneció a una distancia segura durante la destructiva fase de gigante roja de su estrella y migró a su ubicación actual mucho más tarde.
Implicaciones para el Sistema Solar
Las observaciones de la migración de este planeta, así como de la evolución de la composición y la temperatura de su atmósfera, pueden ayudar a los científicos a determinar el destino de los sistemas planetarios tras la muerte de su estrella.
«Estamos acostumbrados a mirar hacia el pasado cuando utilizamos telescopios, pero esta es la primera vez que hemos podido anticipar lo que podría suceder con los planetas exteriores que orbitan alrededor de los restos de una estrella similar al Sol; es como utilizar una máquina del tiempo para asomarnos al lejano futuro de nuestro Sistema Solar«, destacó McDonald.