Málaga (España).- De la alegría y la ilusión del primer mes tras superar el peligro de la travesía, al «pánico y miedo» después de un tiempo. Es el denominado «duelo migratorio» que han sufrido personas como Diana Menses, originaria de Cuba, o Fahde el Bakkali, que llegó hace cuatro años a España desde Marruecos.

Tristeza y frustración

Estados Unidos fue el primer destino al que migró Diana Meneses, originaria de Cuba. «Ese fue el primer destino y el más duro», según confiesa a EFE, y explica que pasó catorce años en su país y otros catorce en el país norteamericano.

Tristeza y frustración es lo que sintió al dejar atrás a sus familiares en Cuba y viajar a Estados Unidos, pues adaptarse a ese país fue «muy difícil», y en sus dos primeros años sufrió un «sentimiento enorme» de ganas de volver a Cuba.

El ambiente estadounidense fue «frío, seco, menos amigable y familiar en comparación a Cuba», dice Meneses.

Después, el siguiente destino fue España, que, según explica, ha sido más «alegre» que intentar adaptarse a Estados Unidos, pues la cultura se acerca más a la cubana.

Son once meses los que lleva en España, pero, a pesar de haber estado muchos años fuera de Cuba, confiesa que extraña su cultura y raíces todo el tiempo.

Extrañar siempre el lugar de origen

Cuando una persona migra, vive una «luna de miel», explica a EFE el migrante marroquí Fahde el Bakkali, quien ahora trabaja en Málaga (sur de España) en la Asociación Marroquí para la Integración de los Inmigrantes.

Hay una gran dificultad emocional que implica tomar la decisión de abandonar a la familia, según El Bakkali, quien confiesa que siempre extraña su ciudad de origen, sus amigos de la infancia y los momentos compartidos.

Las fiestas y tradiciones se convierten en momentos significativos que despiertan la tristeza al no vivirlas de la misma manera en España, momentos en los que, según explica, se revive el dolor de dejar atrás las «reuniones y tradiciones«.

A pesar de añorar a su familia, El Bakkali logró establecerse e integrarse en España, además de ayudar a otras personas que migran a España a adaptarse al país.

Proceso psicológico

El ‘duelo migratorio’ es el impacto psicológico que sufre una persona al dejar su país de origen y tiene siete fases, detalla a EFE Diana Figueredo, psicóloga especializada en migración y colombiana que reside en España desde hace diez años.

Estas siete fases empiezan con la euforia y expectativas elevadas, el choque cultural y la nostalgia, que dan paso a una adaptación parcial y al biculturalismo, que es la suma de su cultura y la del nuevo país en el que se reside, para llegar al final a la transformación plena y resiliente.

 Aunque se habla mucho de los adultos, los menores también se ven afectados y es más «profundo», pues no expresan su «malestar» y carecen de medidas de apoyo en los colegios, explica la psicóloga.

Figueredo creó en Málaga la asociación Neurona Migrante, donde atiende a niños y personas adultas de Latinoamérica que migran a España y les explica que la migración es una «terapia de choque» que fuerza a las personas a confrontarse consigo mismas.

 Algunas de las medidas que pueden ayudar a las personas que están en proceso de duelo serían «fomentar espacios de escucha y jornadas de sensibilización en trabajos, colegios e instituciones», según la psicóloga.

El objetivo es que la comunidad pueda acoger al migrante, validando su «tristeza y nostalgia» en lugar de dejar que busque apoyo en personas que también estén en proceso de duelo, afirma Figueredo. 

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