El seísmo, de 7,2 grado en la escala de Richter, causó al menos 2.200 muertos, unos 12.000 heridos y daños materiales innumerables, mientras que más de medio millón de personas necesitan ayuda humanitaria urgente, según cálculos oficiales.

MADRID.- Crece la preocupación entre los haitianos que viven en España sobre las consecuencias humanas del fuerte terremoto de hace una semana en su país, una situación "caótica" que empeora la crisis que Haití arrastra desde hace años, ya agravada por el asesinato del presidente Jovenel Moise el 7 de julio pasado.

El seísmo, de 7,2 grado en la escala de Richter, causó al menos 2.200 muertos, unos 12.000 heridos y daños materiales innumerables, mientras que más de medio millón de personas necesitan ayuda humanitaria urgente, según cálculos oficiales.

“La situación en Haití es crítica, la gente está pasando hambre”, denuncia en declaraciones a EFE Raymond J. Julien, un haitiano que llegó a España en 2008 para trabajar con Cruz Roja.

“Ahora puede que la ayuda internacional no llegue donde debería porque las carreteras que conectan la capital (Puerto Príncipe) y el suroeste (donde se produjo el seísmo) están controladas por bandas criminales”, añade.

Julien también trabajaba para Cruz Roja en Jacmel, un distrito al sur de Haití, antes de mudarse a Figueras (Gerona, noreste español).

Fundó en España con otros haitianos la ONG Grupo de Apoyo a la Solidaridad de Haití (GRASH) para ayudar a las personas más vulnerables, especialmente tras las catástrofes naturales que golpean a su país con frecuencia; recaudan fondos destinados a “mantener escuelas y financiar un proyecto de ayuda para mujeres violadas”.

“En Jacmel los hospitales están absolutamente desbordados        -relata-, no pueden recibir a más heridos”.

Mantiene a su familia desde España, y explica: “No quería que sufrieran los años de miseria que sufrimos nosotros, pero ahora el país es un caos total, cada uno está intentando salvarse por uno mismo. No hay gobierno que organice nada”.

CRISIS PERMANENTE

Haití vive días de angustia y desesperación tras una sucesión de desgracias que parecen perpetuar la inabordable crisis económica, política y humanitaria a la que se enfrenta desde el terremoto que devastó el país en 2010, que dejó cerca de 300.000 muertos.

Una tragedia humana que parece retroalimentarse, y que ha sumido al país en el caos, la violencia y una pobreza agudizada por la pandemia de coronavirus, la corrupción y las bandas criminales que compiten con el Gobierno por el control del país, cada vez más desestabilizado.

Unas semanas antes de este último terremoto, Unicef se mostró alarmada por "la terrible situación humanitaria de los niños y sus familias en Haití", donde el 46 % de la población sufre inseguridad alimentaria, según las cifras oficiales.

Otras muestra de degradación que vive el país es el asesinato del presidente Moise, por el que fue detenido el supuesto cerebro del crimen, Christian Emmanuel Sanon. Según la versión de la Policía haitiana, pretendía así llegar a la jefatura del Estado.

“No es fácil crear una estabilidad en un país donde el 85 % de los profesionales vive en el exterior”, comenta a EFE Berthony Lanot, residente en Madrid, adonde llegó para cursar un máster en artes escénicas, y que decidió quedarse.

Lanot denuncia que las ONG locales se quedan con parte de la ayuda humanitaria que llega de fuera. “Necesitamos un comité de expertos que gestione las ayudas y no sean corruptos, es imposible mandar dinero y esperar a que se distribuya como toca”.

CORRUPCIÓN Y ÉXODO

Estos haitianos coinciden al comentar que la corrupción es una de las claves del fracaso del Estado. Según Transparencia Internacional, Haití está entre los diez países más corruptos del mundo (año 2020), por delante de Afganistán, o al mismo nivel que Corea del Norte.

Así “la gente quiere huir a cualquier sitio", según Lanot, y los haitianos deambulan hoy por toda América Latina, un éxodo que “impide que el país se recupere”.

En Haití, se encuentra la cooperante española Clara Revuelta, de la ONG CESAL, con la que realiza labores de ayuda humanitaria.

“Trabajamos en varios puntos de la frontera con la República Dominicana”, donde la cantidad de haitianos que intentan cruzar es un problema para las autoridades dominicanas, cuenta, y donde numerosas ONG han denunciado maltrato y vulneración de derechos humanos.

“Queremos mejorar las condiciones de vida de la gente -subraya- y, en cierto modo, intentar evitar estas migraciones masivas de los haitianos, y en tan malas condiciones”.

Revuelta llegó a Haití en 2010 como cooperante, tras el gran terremoto de aquel año, pero siempre ha mantenido la esperanza.

“He visto siempre a un pueblo estupendo, con una capacidad asombrosa de salir adelante. Ahora ha tocado fondo, pero estoy segura estoy segura de que Haití resurgirá de sus cenizas”, dice confiada.