Pero la inflación no es el único escollo económico de Bolsonaro en su carrera por mantenerse en la Presidencia. El PIB no acaba de despegar tras dos años de pandemia y los intereses han alcanzado su mayor nivel desde 2017 (11,75 %).

Sao Paulo.- El incremento de los precios en Brasil ha aumentado la presión en pleno año electoral contra el mandatario Jair Bolsonaro, quien la noche del lunes decidió sustituir al presidente de la petrolera estatal Petrobras por su insatisfacción con el alza de los combustibles.

El líder de la ultraderecha brasileña intenta atajar la disparada de los precios en momentos en que mira a las elecciones de octubre para renovar su mandato, pese a que las encuestas dan como favorito al expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, su principal adversario político.

Bolsonaro hizo un guiño a su base política al destituir al general de la reserva del Ejército Joaquim Silva e Luna, que tiene menos de un año en el cargo y había sido objeto de críticas por parte del presidente, pero en la práctica la decisión no interfiere en la política de precios de Petrobras, que establece el valor del combustible con base en el mercado internacional y el dólar.

"¿Por qué no baja el precio del petróleo? ¿Por qué no se hace política pública? Por eso, porque es ley. Petrobras es una empresa pública, clasificada como economía mixta (...) La Constitución dice que debe actuar como empresa privada. La ley del petróleo dice que debe practicar la ley del petróleo", afirmó este martes Silva e Luna, quien deberá ser sustituido por el economista Adriano Pires.

LA INFLACIÓN, UN VILLANO EN AÑO ELECTORAL

Además del incremento de la gasolina y el diesel, la renta de los brasileños se ha visto corroída en los últimos meses por el incremento de los precios de los alimentos y el gas, lo que afecta directamente el bolsillo de los más pobres.

"Bolsonaro en los últimos meses ha perdido electores entre las clases más pobres, que han sufrido más que los ricos con la inflación", dijo a Efe Carolina Botelho, doctora en Ciencias Políticas y asociada del Laboratorio de Estudios Electorales de la Universidad del Estado de Río de Janeiro.

La inflación interanual de Brasil supera los dos dígitos y el pasado febrero llegó hasta el 10,54 %, un alza que podría acelerarse en los próximos meses por los efectos de la guerra en Ucrania.

El Banco Central, por su parte, ya ha advertido que el país superará por segundo año consecutivo la meta inflacionaria en 2022 y ha elevado del 4,7 % para el 7,1 % su cálculo previsto para este año.

Pero la inflación no es el único escollo económico de Bolsonaro en su carrera por mantenerse en la Presidencia. El PIB no acaba de despegar tras dos años de pandemia y los intereses han alcanzado su mayor nivel desde 2017 (11,75 %).

"Bolsonaro no preveía el nivel de la crisis que se avecina. Todos los informes apuntan a una inflación alta, una retomada débil del empleo, una economía mediocre... Nada indica hacia una recuperación económica", resaltó Botelho.

Para contener la crisis e intentar ganar terreno político en año electoral, Bolsonaro, como la mayoría de presidentes que buscan su reelección, ha echado mano de la maquinaria pública y ha inyectado dinero a través de diversas iniciativas, entre ellas la prórroga de un subsidio a los más vulnerables.

"Eso ha ayudado a estancar la salida de electores de su base", agregó la politóloga.

Pese a que las encuestas pronostican la victoria de Lula, la intención de voto de Bolsonaro ha mejorado ligeramente en los últimos sondeos, mientras que el apoyo del líder del Partido de los Trabajadores ha caído levemente.

A seis meses de las elecciones, el instituto demoscópico Datafolha muestra que Lula cuenta con un 43 % de los votos, frente al 26 % del capitán de la reserva del Ejército.

En la anterior encuesta, el líder progresista oscilaba entre un 47 % y 48 % de intención de voto, dependiendo del escenario, mientras que Bolsonaro rondaba entre el 21 % y el 22 % de intención de voto.