Nueva Delhi.- Por el estrecho de Ormuz, ahora bloqueado por el conflicto en Oriente Medio, circula habitualmente un 20 % del crudo y el gas natural licuado mundiales, un volumen que se convierte en un 89 % cuando hablamos de Asia.
Este grifo vital ha desatado un efecto dominó sobre las naciones del sur de Asia, forzando a sus Gobiernos a desplegar a contrarreloj un arsenal de restricciones para salvar sus sistemas de suministro.
La Comisión Económica y Social para Asia y el Pacífico de la ONU ha alertado de que el crecimiento en las economías en desarrollo de la región podría desacelerarse hasta el 4,0 % en 2026, frente al 4,6 % en 2025, un freno que amenaza con agravar la pobreza, la inseguridad alimentaria y la desigualdad en todo el continente.
La India y el racionamiento de gas
La India, el segundo mayor importador mundial de gas licuado de petróleo (GLP), atraviesa una crisis energética nacional grave al importar el 60 % de sus necesidades y depender del estrecho de Ormuz para el tránsito del 90 % de ese volumen.
El Ejecutivo ha impuesto un racionamiento que prioriza el suministro doméstico, dejando de lado a la hostelería, mientras acelera la expansión de la red de gas natural por tubería para reducir la dependencia en medio de la crisis.
Sri Lanka, la isla del doble estrangulamiento
La isla ha encarecido los combustibles un 35 % hasta rozar los niveles del colapso económico de 2022, viéndose forzada a recuperar el sistema de cuotas mediante códigos QR, recortar la jornada laboral de los funcionarios e instaurar un sistema de matrículas para repostar.
Esta crisis obedece a un “doble estrangulamiento” comercial en el estrecho de Ormuz y el mar Rojo, que suma hasta 49 días de viaje a los buques.
Este retraso resulta letal para una nación con escaso almacenamiento y cuya única y obsoleta refinería apenas cubre el 40 % de la demanda nacional.
El freno nacional de Pakistán
Pakistán ha registrado el mayor encarecimiento de combustibles de su historia, con subidas de hasta el 20 % en los surtidores.
Para evitar el colapso de sus reservas, el Gobierno ha decretado un paquete de ahorro energético que incluye la reducción de los límites de velocidad, el cierre de escuelas durante dos semanas y una semana laboral de cuatro días para funcionarios.
El pulso político en Bangladés
El Gobierno de Bangladés ha retirado la orden inicial de racionamiento de combustible, optando por congelar los precios para no agravar una inflación superior al 9 %.
La compañía estatal de petróleo ha decidido asumir las pérdidas para evitar un estallido social.
Sin embargo, el país ya sufre cortes de luz debido a la falta de gas para sus centrales eléctricas.
La vía de escape afgana
Afganistán mantiene un flujo comercial estable con Irán, su principal socio energético, lo que ha permitido que las importaciones de gasolina, diésel y alimentos esenciales continúen con relativa normalidad.
Aunque se han registrado ligeros aumentos en los precios, las autoridades aseguran que el impacto no es crítico y que el volumen de suministros incluso ha superado niveles previos.
Para contener cualquier desestabilización, el Gobierno ha lanzado una campaña nacional de control de precios y lucha contra el acaparamiento.
La sombra india en Nepal
Sin salida al mar y dependiente de la India, Katmandú ha activado todas las alarmas y ultima restricciones al transporte público ante el riesgo de desabastecimiento.
La parálisis regional amenaza con bloquear la movilidad básica en las zonas más remotas del país.
A la crisis energética se suma el golpe a las remesas del Golfo, que sustentan a 6 de cada 10 hogares y suponen una cuarta parte del PIB.
- Con 1,7 millones de nepalíes trabajando en la zona del conflicto, el bloqueo corta tanto el combustible como el sustento financiero nacional.