Jerusalén. – Estados Unidos ha arrendado por un dólar y durante 99 años a Israel el terreno para su nueva embajada en Jerusalén Oeste, pero esa parcela perteneció hasta 1950 a diecinueve familias palestinas expulsadas de la zona tras la guerra, y ahora sus herederos intentan paralizar esta decisión.
Se trata del conocido como ‘Complejo Allenby‘, donde excavadoras han comenzado ya las obras. Allí, EFE entrevista a Mounir Kleibo, uno de los más de cien descendientes que, según documentos reconocidos por la Comisión de Conciliación de la ONU para Palestina, cuentan con derechos de propiedad sobre este terreno en el barrio de Baqa, de unas 3 hectáreas de extensión y aún baldío.
«Fue muy doloroso. Hicieron el anuncio este mes con una gran sonrisa. Un regalo para Estados Unidos, dijo Israel, pero ellos nunca fueron los propietarios. Nosotros sí y no fuimos consultados», afirma Kleibo emocionado, mientras pisa por primera vez esta parcela sobre la que lleva cuatro años reuniendo documentación.
Nosotros sí, y no fuimos consultados», afirma Kleibo, emocionado, mientras pisa por primera vez esta parcela sobre la que lleva cuatro años reuniendo documentación.
La decisión de trasladar la embajada estadounidense de Tel Aviv a Jerusalén se produjo a finales de 2017, durante la primera Administración de Donald Trump, en un movimiento que azuzó aún más el avispero geopolítico de Oriente Próximo.
El embajador de EE.UU. abonó el dólar
A principios de julio, el ministro de Exteriores israelí, Gideon Saar, y el embajador de EE.UU. en Israel, Mike Huckabee, formalizaron la cesión en un acto donde el propio representante estadounidense abonó de su bolsillo el simbólico dólar.
Huckabee expresó entonces que este paso «reconoce a Jerusalén como la capital eterna, indígena y perpetua del pueblo judío», contraviniendo el Plan de Partición de la ONU (1947), que autorizaba la creación del Estado de Israel, pero especificaba que la Ciudad Santa adoptara la forma de ‘corpus separatum’ bajo administración internacional.
«Somos rehenes de un incidente inhumano, pero la buena noticia es que el terreno aún está vacío y se puede dar marcha atrás», asegura Kleibo, convertido en representante de algunas de las familias palestinas adheridas al litigio.
La responsabilidad del Mandato Británico
EFE pudo consultar documentos de las autoridades locales de Jerusalén desde 1917 a 1947, así como los contratos de arrendamiento por parte de estas familias de terratenientes palestinos con el Mandato Británico, quienes utilizaron los también llamados ‘Barracones Allenby’ para uso militar hasta la fundación de Israel.
Tras la guerra de 1948, los palestinos que vivían o tenían propiedades en Jerusalén Oeste fueron desplazados al este de la ciudad o fuera de los territorios históricos palestinos.
Israel no permitió volver a sus hogares a familias como las del ‘Complejo Allenby’, y en 1950 promulgó la Ley de Propiedades Ausentes, que le permitió controlar terrenos o inmuebles de los aproximadamente 750,000 palestinos expulsados durante el conflicto.
«Los británicos tenían la llave; debían haber acordado que los israelíes tenían la obligación de devolvernos este terreno. Nunca lo aclararon, se lo dieron directamente a Israel«, comenta Kleibo, trabajador de la ONU durante 35 años, ahora retirado.
Una de las zonas más codiciadas de Jerusalén
Kleibo, que se enteró en 2022 de su vinculación con este terreno gracias al profesor palestino Walid Jalidi, cuenta entusiasmado que pasó por el lugar durante años para una reunión semanal en un edificio cercano de la ONU y que siempre tuvo «una sensación especial».
El ‘Complejo Allenby‘ se encuentra en Baqa, uno de los barrios de Jerusalén más codiciados en el plano inmobiliario por su ubicación: sobre la carretera a Hebrón, a unos 2 kilómetros de los sitios sagrados de la ciudad, cerca de la antigua estación de tren y rodeado de vegetación.
Adalah, el centro legal para los derechos de las minorías árabes en Israel, representó en enero de 2023 a las familias palestinas de los ‘Barracones Allenby‘ —algunas con nacionalidad estadounidense o jordana actualmente— en una apelación formal ante las autoridades de planificación israelíes, pero esta fue rechazada ese mismo año.
La organización condenó el acuerdo entre Israel y EE. UU., y aseguró que «consagra deliberadamente una profunda injusticia histórica».
Al proceder a pesar de las reclamaciones de propiedad documentadas y legítimas, EE. UU. valida la apropiación ilegal de tierras pertenecientes a sus propios ciudadanos», añadió Adalah.
«Soy de aquí, pertenezco aquí y moriré aquí»
Kleibo reconoce que en estos cuatro años han sido muchas las personas que le han recomendado que cese en su «lucha perdida», pero mantiene la esperanza.
Soy de aquí, pertenezco aquí y moriré aquí (…). Los palestinos hemos sufrido mucho y, después del 7 de octubre (de 2023), eso también se extendió a Líbano y a otros lugares. Quiero verlo todo desde una mirada pacífica, pensar que mis vecinos judíos también me entenderán», expone.
Cuando la maquinaria pesada continúa abriendo camino para la nueva embajada de EE.UU. en Jerusalén, Kleibo sigue visibilizando su causa en redes sociales y asevera que pronto se desplazará a Jordania para reunirse con miembros de la dinastía hachemita, que guarda derechos sobre los ‘Barracones Allenby’ debido a que el Waqf Islámico jordano (fundación benéfica) también figuraba como propietario de parte del complejo.
No pretendo una insurrección civil ni quiero que se me califique de enemigo de EE. UU. o antisemita. Yo mismo soy producto de EE. UU. porque estudié allí.
Ni siquiera pido que nos devuelvan otras propiedades que fueron arrebatadas a nuestras familias en Jerusalén Oeste y donde actualmente viven israelíes; solo queremos que se respeten nuestros derechos», culmina Kleibo.