La Comisión de Expertos de la ONU sobre Derechos Humanos en Etiopía acusó a finales de septiembre al Gobierno federal etíope de obstaculizar la ayuda humanitaria para la región de Tigré.

ADÍS ABEBA.- Al menos doce pacientes con diabetes mueren cada semana en el principal hospital de la norteña región etíope de Tigré debido a la escasez de insulina y otros productos por la guerra que libran los rebeldes tigrinos y el Gobierno central, informó el centro de salud.

"Existe un número creciente de pacientes recién diagnosticados y muchos llegan de toda la región (de Tigré) con complicaciones", explicó el Hospital de Referencia de Ayder en un documento recogido este viernes por los medios locales.

"Estamos en un momento en el que no podemos proporcionarles insulina, ni medicamentos hipoglucemiantes, ni servicios de diálisis", lamentó el centro hospitalario.

Según el hospital, en Tigré al menos viven 26.770 personas con diabetes, de las que alrededor de 16.420 son "totalmente dependientes" de la insulina.

"Rogamos a la Asociación Etíope para la Diabetes (EDA) que solicite el envío de suministros por cualquier medio posible (...), incluido el transporte aéreo, para atender a las personas en este escenario tan devastador", señala el documento.

La Comisión de Expertos de la ONU sobre Derechos Humanos en Etiopía acusó a finales de septiembre al Gobierno federal etíope de obstaculizar la ayuda humanitaria para la región de Tigré, así como de "usar el hambre como una estrategia de guerra", extremo que el Ejecutivo negó.

Entonces, la Comisión de Expertos pidió al Gobierno federal "restablecer el acceso humanitario completo y sin restricciones, mientras que las fuerzas de Tigré deben garantizar que las agencias humanitarias trabajen sin impedimentos".

La guerra empezó el 4 de noviembre de 2020, cuando el primer ministro etíope, Abiy Ahmed, ordenó una ofensiva contra el Frente Popular de Liberación de Tigré (FPLT) en respuesta a un ataque a una base militar federal y tras una escalada de tensiones políticas.

Miles de personas han muerto y unos dos millones han tenido que abandonar sus hogares debido a la violencia.

Tras una intensa reanudación de las hostilidades el pasado 24 de agosto, tanto el FPLT, partido que gobernaba la región antes del conflicto armado, como el Ejecutivo federal aceptaron esta semana participar en unas conversaciones de paz dirigidas por la Unión Africana (UA).