Nairobi. – La Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) alertó este miércoles del deterioro de la situación humanitaria en la prefectura de Haut-Mbomou, en el sureste de la República Centroafricana (RCA), por la constante violencia.
La población de la zona se enfrenta a una «creciente vulnerabilidad» debido a la «persistente inseguridad, el aumento de los riesgos para la protección y las limitaciones en el acceso humanitario», afirmó en un comunicado el jefe de la OCHA en el país, Mohamed Ag Ayoya.
Haut-Mbomou, foco de la emergencia
Los esfuerzos de mediación en (las ciudades de) Zémio y Obo siguen enfrentando dificultades de acceso, lo que limita el apoyo a las poblaciones afectadas. La preocupación por la protección sigue siendo grave. La población civil se enfrenta a amenazas como asesinatos, secuestros, intimidación y restricciones a la libertad de movimiento», añadió.
«Del mismo modo, recordó incidentes que recientemente «intensificaron el temor en comunidades ya de por sí vulnerables», como el asesinato, el 29 de junio, de un líder religioso que participaba en iniciativas de reconciliación comunitaria.
También puso de ejemplo el secuestro de dos civiles en Zémio en mayo, que permanecen desaparecidos.
Ayoya expuso que, mientras las mujeres y las niñas se enfrentan a mayores riesgos de violencia sexual y de género, los niños afrontan el reclutamiento, la explotación y la interrupción de su acceso a la educación.
«Al mismo tiempo, la inseguridad y la presencia de grupos armados restringen el acceso de la población civil a los mercados, las tierras de cultivo, la atención médica y otros servicios esenciales, lo que agrava la inseguridad alimentaria y la vulnerabilidad», indicó.
Acceso humanitario y rutas bloqueadas
Estas restricciones, junto con los incidentes de amenazas, robos y violencia contra los trabajadores humanitarios, han interrumpido el movimiento de personal y suministros en rutas «clave», como Zémio–Mboki y Zémio–Dembia.
Las interrupciones de asistencia esencial se producen en un momento de «creciente necesidad», que complica igualmente los esfuerzos sanitarios de preparación ante el brote de ébola en el este de la República Democrática del Congo (RDC), en una zona fronteriza considerada de «alto riesgo».
El país sufre violencia sistémica desde finales de 2012, cuando una coalición de grupos rebeldes de mayoría musulmana, los Séléka (‘alianza’ en sango), tomó Bangui y derrocó al expresidente François Bozizé, tras diez años de gobierno (2003-2013), lo que supuso el comienzo de una guerra civil.
Desde entonces, el país vive un conflicto interno intermitente que ha causado miles de muertos y cientos de miles de desplazados.
Pese a varios acuerdos de paz y procesos de diálogo con grupos armados, la violencia no ha desaparecido por completo y la seguridad continúa dependiendo del apoyo internacional a través de la Misión Multidimensional Integrada de Estabilización de la ONU en la RCA (MINUSCA) y acuerdos con Rusia y Ruanda.
