REDACCIÓN.-  América Latina es la región más peligrosa del planeta. Como informa el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), aunque la América antiguamente española y portuguesa solo tiene el 9% de la población mundial, en ella se comete el 27% de los homicidios, casi 100,000 al año, que es, sin embargo, una cifra conservadora dado el número de muertes violentas que nunca llega a denunciarse.

El índice de mortalidad infligida se establece según el volumen anual de homicidios por 100,000 habitantes, lo que arroja en el cómputo global 23 asesinatos —10 veces más que en España—, pero que suben a casi 50 en Centroamérica, con un pico de 71 en El Salvador. Pobreza y desigualdad son ingredientes habituales de esa inseguridad ciudadana, pero no por ello han de ser inevitables, ni tampoco decisivos.

América Latina comienza

a interesarse por sus vecinos, en lugar de mirar a EE UU y Europa

En Venezuela, donde el chavismo ha hecho grandes progresos en la reducción de la pobreza más extrema, Caracas se ha convertido, pese a ello, en una de las ciudades más inseguras del mundo, con un índice superior a 50, y en Maracaibo, la ciudad del sol amada, y gran centro petrolero del país, la debilidad del alumbrado público es toda una exhortación al crimen. Tiene que haber, por tanto, otros factores en juego.