Después está el hecho miso de que este tipo de acción ciudadana es criminalizada por las leyes, por la constitución y como se pudo apreciar el pasado domingo, son fuertemente reprimidas.

Por Danny Roque Gavilla

REDACCIÓN.- Este 11 de julio Cuba ha sido testigo de las protestas ciudadanas más grandes han vivido el país en los últimos 62 años. Lo que comenzó como una pequeña aglomeración en San Antonio de los Baños, un pequeño pueblo al Sur de la Capital, generó una reacción en cadena por treintena de localidades, incluyendo la capital del país, que llevo a que a gritos de «libertad», «Abajo la dictadura», «que renuncie», miles de cubanos se lanzaran a las calles a reclamar más derechos civiles, ayuda humanitaria para enfrentar la grave crisis sanitaria, alimentos, medicinas, mejores condiciones económicas y la renuncia del presidente.

Pocas horas después el primer secretario del Partido Comunista de Cuba Miguel Díaz-Canel se presentó ante la televisión nacional argumentado que las protesta habían iniciado por la insatisfacción del algunos cubanos «confundidos» por los recortes enérgeticos y por «algunas carencias y dificultades que viven en su vida cotidiana». Por último, realizó un llamado a violencia afirmando que «la orden de combate está dada, las calles son para los revolucionarios y especialmente para los comunistas». Con esto convocó a sus seguidores a salir a la calle a enfrentar a los manifestantes, legitmizando así la violencia y la privación de derechos ciudadanos por motivos de pensamiento político. Nuevamente la retórica gubernamental responsabilizó a las sanciones estadounidenses de todas las carencias económicas que padecen los cubanos y de ser este país quien está detrás de la incitación a salir a las calles a protestar.

Si hasta ahora las manifestaciones populares de este tipo eran poco frecuentes en Cuba no se debe a que, al igual que la mayor parte de los ciudadanos del mundo los cubanos no tengan razones sobradas para protestar. Simplemente no lo pueden, o les resulta muy difícil hacer. La primera dificultad está en la convocatoria. Justamente la primera medida que tomó el gobierno cuando la noticia de las protestas comenzó a propagarse por redes sociales fue cortar el acceso a internet en los celulares. Algo que ya había hecho el 27 de noviembre pasado cuando un grupo de jóvenes protestaba frente al Ministerio de Cultura por la represión que habían sufrido un grupo de artistas que, mediante una huelga de hambre exigían no criminalizar la creación artística. Después está el hecho miso de que este tipo de acción ciudadana es criminalizada por las leyes, por la constitución y como se pudo apreciar el pasado domingo, son fuertemente reprimidas. Lo cual incluye el uso de personal militar fuertemente armado contra la población, como la utilización de los mismos vestidos de civil para simular que es un enfrentamientos ciudadanos entre «revolucionarios» fieles al gobierno y «contrarevolucionarios pagados desde el imperialismo». La represión tampoco termina con las protestas, desde la madrugada del lunes hemos visto como personas identificadas en las manifestaciones o que simplemente las apoyaron de algún modo han sido detenidas en sus propias viviendas.

Con valida razón algunos están preocupados y señalan que el presidente realizó un llamado a una guerra civil. Para que haya una guerra, las dos partes tienen que estar armadas. En Cuba solo tiene armas el ejercito y la policía. Que una parte del pueblo azuzada por el Estado se resguarde en la impunidad que este le garantiza para agredir a quien protesta es propiciar el paramilitarismo.

Las saciones estadounidenses son reales y dado que su principal objeto es el gobierno cubano, en un país donde casi todo está en manos del Estado, terminan afectando también al primero. Pero también es cierto que la mayor parte de los padecimientos de Cuba no son consecuencia directa del embargo, sino son consecuencias de la apuesta por un sistema económico que, al igual que el resto de países donde se intentó implementar, no ha logrado resolver los problemas más elementales ni de garantizar un mínimo de desarrollo económico, y porque el desarrollo social obtenido solo ha sido posible únicamente con el apoyo de fuertes subsidios, primero soviéticos y luego venezolanos, convirtiendo así el país en una nación dependiente y económicamente frágil.

La falta de derechos economicos, no se le puede achacar al embargo, lo mismo la axficia a la que son sometidos los emprendimientos privados que medianamente intentan generar algun tipo de riqueza, empleos o disponibilidad de mercancías que, bajo la administración estatal están ausentes para los cubanos. La excesiva preocupación por colocar las desigualdades en el centro del debate económico hizo que, en efecto, hoy Cuba sea menos desigual que muchos países latinoamericanos, pero es una igualdad que acerca a los cubanos a unas condiciones de pobreza material insoportables donde el día a día cotidiano se convierte en una extenuante lucha por la vida.

Los cubanos salieron a protestar porque ni siquiera el tan afamado sistema de salud cubano ha salido bien parado en el manejo de la crisis. en la actualidad Cuba muestra peores resultados que otros países que historicamente se reconocían con sistemas de salud más precarios. Sin nigún estudio serio que lo avale el Estado pregona el supuesto éxito de dos candidatos vacunales cubanos, sin embargo, la realidad es que vemos hospitales atestados, personas atendidas en los suelos, pésimas condiciones de internamiento y la falta de medicamentos básicos son parte de la cotidianidad naturalizada.

Si este 11 de julio los cubanos salieron a protestar no es porque estén confundidos ni porqué sean convocados externamente por ninguna fuera imperialista. Los cubanos salieron a protestar porque ya están hartos de vivir por más de seis décadas en un experimento social que, bajo la promesa de construir un socialismo prospero que les traerían mejores condiciones vida, lo único que han conseguido es una existencia determinada por la pobreza y por la falta de derechos y libertades políticas.

Lo que ocurrió ayer en Cuba es una legítima insurreción popular y esto ocurre cuando un pueblo está tan cansado, tan frustrado y ha llegado a tal límite, que prefiere lanzarse a la calle y pagar el precio que ello implica antes que continuar viviendo de la manera en que la ha vivido hasta ese momento. Ojalá que las manifestaciones de este domingo también sirvan para converser al resto del mundo que la lucha la justicia social no puede reducirse a una mera crítica al mercado o a su versión neoliberal. Algunos países sufrimos mucho las consecuencias de la supuesta alternacia que traerían modelos más colectivistas y tristemente soñado por muchos como ideal. Es un clamor que necesita ser escuchado.