Duterte será sustituido mañana como presidente por Ferdinand "Bongbong" Marcos Jr., hijo del dictador Ferdinand Marcos y ganador por una mayoría abrumadora de las elecciones del pasado 9 de mayo.

MANILA.- El carácter autoritario de Rodrigo Duterte ha marcado su presidencia en Filipinas, que concluye este jueves, plagada de polémicas declaraciones y que deja como legado de miles de muertos en una sangrienta guerra contra las drogas.

Duterte será sustituido mañana como presidente por Ferdinand "Bongbong" Marcos Jr., hijo del dictador Ferdinand Marcos y ganador por una mayoría abrumadora de las elecciones del pasado 9 de mayo.

Su hija Sara Duterte-Carpio, que formó tándem con Marcos Jr., juró su cargo como vicepresidenta el pasado 19 de junio tras arrasar también en los comicios de mayo.

Nada más llegar al poder, el 30 de junio de 2016 y por un mandato único de seis años, Duterte puso en marcha su promesa electoral de erradicar las drogas en el país y alentó a la Policía a disparar a matar a presuntos adictos y traficantes.

Las cifras de fallecidos durante esta implacable campaña antinarcóticos varía notablemente entre las oficiales, estimadas en más de 6.200 víctimas mortales, y las de las ONG, que elevan las muertes a entre 27.000 y 30.000 personas.

El reguero de sangre provocado por la guerra contra las drogas, vinculado en muchos asesinatos a grupos de vigilantes armados amparados por la impunidad, le ha valido a Duterte para que sea investigado por presuntos crímenes de lesa humanidad por la Corte Penal Internacional.

DECLARACIONES POLÉMICAS

Chistes sobre la violación de una monja, comentarios machistas y graves insultos dirigidos contra personalidades como el Papa Francisco o el expresidente estadounidense Barack Obama, han sido otra de las marcas que distinguen al periodo de Duterte en el cargo.

Sus defensores aseguran que el tono y las formas jocosas del presidente, en muchas ocasiones fuera de lugar y maleducadas, son malinterpretadas y derivan de su personalidad vehemente, típica en su Mindanao natal, en el sur del país.

El mandatario filipino protagonizó polémicas casi mensuales durante sus primeros años en el poder, pero a medida que fue consumiendo el mandato Duterte poco a poco apagó esa chispa que provocaba explosiones dialécticas.

A sus 77 años, la salud del presidente saliente se ha resentido a lo largo de su periodo y ha sido una de las preocupaciones durante los estertores de su mandato a raíz de sus repentinos cambios de agenda o al no acudir a reuniones bilaterales para dormir un poco más.

INFANCIA DORADA Y PROBLEMÁTICA

Miembro de uno de los clanes políticos que gobiernan el archipiélago y nacido en la provincia de Leyte en 1945, Duterte es licenciado en Derecho y Ciencias Políticas a pesar de que fue expulsado de dos colegios por mala conducta.

Sus familiares lo recuerdan como un adolescente irresponsable, mujeriego y bravucón, que llegó a volar una avioneta sobre el instituto donde estudiaba para impresionar a una de sus compañeras, a pesar de ser reprendido por su imprudente acción.

Tras sus estudios universitarios ocupó durante una década distintos puestos en el consistorio de la ciudad de Davao, en la sureña isla de Mindanao, hasta que en 1988 accedió a la alcaldía.

En esta ciudad, donde sirvió como regidor durante 22 años en distintos periodos de tiempo debido a la limitación legal de no poder ocupar el cargo más de tres mandatos consecutivos, Duterte puso en práctica su guerra contra las drogas a una menor escala pero con unas consecuencias similares.

Las crónicas periodísticas de la época reflejan un político que pistola en ristre patrullaba las calles con los agentes del orden en busca de criminales, actitud que le valió el sobrenombre de "Harry el sucio".

Organizaciones en favor de los derechos humanos denunciaron que Duterte toleró numerosos asesinatos extrajudiciales en Davao de supuestos traficantes de droga y otros maleantes por parte de grupos vigilantes catalogados de "escuadrones de la muerte".

Mientras Rodrigo Duterte vive sus últimas horas en el poder, su dinastía política perdurará gracias a su hija Sara Duterte-Carpio, quien asumió la vicepresidencia de Filipinas el 19 de junio, y sus hijos Paolo, con un asiento en el Congreso filipino, y Sebastian, quien sustituirá a su hermana como alcalde de Davao.