El Centro de Predicción Meteorológica del Servicio Nacional del Clima anunció que “las condiciones se deteriorarán” en el estado con “fuertes precipitaciones y vientos racheados”

REDACCIÓN INTERNACIONAL.- El estado de California continúa en alerta por la llegada de un ciclón bomba provocado por un río atmosférico que podría generar importantes derrumbes, inundaciones y fuertes ventarrones durante los próximos dos días.

El Centro de Predicción Meteorológica del Servicio Nacional del Clima (NWS, por sus siglas en inglés) anunció en redes sociales que “las condiciones se deteriorarán” en el estado con “fuertes precipitaciones y vientos racheados”.

También informó que se esperan inundaciones en las zonas más bajas con lluvias de una pulgada (2,54 centímetros) por hora, deslaves de rocas, caída de árboles, condiciones peligrosas en las carreteras en el área de las montañas y posibles cortes de electricidad.

La gravedad de las precipitaciones previstas para el jueves y viernes se debe a que las lluvias que impactaron al estado durante el fin de semana dejaron gran parte del suelo saturado, lo que genera que la tierra sea más susceptible a inundaciones, según informó a Los Ángeles Times un especialista en clima de la UCLA.

A medida que las fuertes lluvias y las rachas de viento se desplacen a la costa, las zonas en las que se prevé mayor amenaza son el norte de California y la Bahía de San Francisco.

La tormenta de California está siendo provocada por un fuerte “río atmosférico”, una alargada banda en la atmósfera que puede transportar grandes flujos de humedad concentrada en la atmósfera, que tras fortalecerse se convirtió en un ciclón bomba este miércoles.

Entre los desastres que ha dejado este hecho se encuentran inundaciones, rotura de diques, el cierre de las principales autopistas y la evacuación de miles de personas de sus hogares.

Expertos también han señalado que las inundaciones que se esperan para estos días no terminarán con la sequía histórica que aqueja al estado.

Y que, en parte, las condiciones de sequía y los incendios forestales que ha sufrido el territorio de California, han generado un debilitamiento considerable del suelo volviéndolo más propenso a los deslaves y aumento de caudales de los arroyos.

La alerta ha llegado una semana después de que la tormenta invernal Elliot dejara más de 50 muertos por el frío y los accidentes, además de 1,7 millones de hogares sin luz, con la ciudad de Búfalo (noroeste del estado de Nueva York) como la más afectada.

Qué es un ciclón bomba

Un ciclón bomba es una tormenta grande e intensa de latitudes medias que tiene una presión baja en su centro, frentes meteorológicos y una serie de condiciones meteorológicas asociadas, desde ventiscas hasta fuertes tormentas eléctricas y precipitaciones. Se convierte en una bomba cuando su presión central disminuye muy rápidamente, al menos 24 milibares en 24 horas. Dos famosos meteorólogos, Fred Sanders y John Gyakum, dieron nombre a este patrón en un estudio de 1980.

Cuando un ciclón “bombardea”, o sufre una bombogénesis, esto nos indica que tiene acceso a los ingredientes óptimos para fortalecerse, como altas cantidades de calor, humedad y aire ascendente. La mayoría de los ciclones no se intensifican rápidamente de esta manera. Los ciclones bomba ponen a los pronosticadores en alerta máxima, porque pueden producir impactos dañinos significativos.

La costa este de EEUU es una de las regiones donde la bombogénesis es más común. Esto se debe a que las tormentas en las latitudes medias -una zona templada al norte de los trópicos que incluye todo el territorio continental de EEUU- obtienen su energía de los grandes contrastes de temperatura. A lo largo de la costa este de EEUU durante el invierno, existe un potente contraste térmico natural entre la tierra fría y la corriente cálida del Golfo.

Sobre el océano más cálido, el calor y la humedad son abundantes. Pero cuando el aire frío continental se desplaza por encima y crea una gran diferencia de temperatura, la atmósfera inferior se vuelve inestable y flotante. El aire sube, se enfría y se condensa, formando nubes y precipitaciones.