La comunidad venezolana de Estados Unidos vive a distancia los terremotos que sacudieron el miércoles su país, atrapada entre dos urgencias: localizar a los familiares con los que apenas logra comunicarse y enviar ayuda a las zonas más afectadas.

Luciano D’Alessandro, venezolano afincado en Miami, tiene un apartamento en Los Palos Grandes, una de las zonas de Caracas donde se derrumbaron varios edificios.

Mi mamá estaba en la tarde de la tragedia, estaba ahí, en ese apartamento. Gracias a Dios, pudo salir, pero lo que vio y lo que vivió fue terrible, porque hay gente bajo los escombros. Necesitamos mucha ayuda», relató mientras se une a las tareas de recoger donaciones para enviar a su país.

Los dos terremotos, de magnitud 7,2 y 7,5, sacudieron el centro del país la noche del miércoles, con epicentro al oeste de Caracas. El balance provisional y al alza es de al menos 188 muertos y 1.520 heridos, aunque en la diáspora muchos desconfían de las cifras y temen que la realidad sea peor.

Los venezolanos de Miami transforman su angustia por los terremotos en ayuda humanitaria
Los venezolanos de Miami transforman su angustia por los terremotos en ayuda humanitaria

Freddy Solórzano, presidente de la Coalición Internacional por Venezuela, una organización con sede en Estados Unidos, describe un país que duerme a la intemperie por miedo a nuevos derrumbes.

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Hay gente desesperada durmiendo en las plazas, gente durmiendo en las calles, porque la situación no permite que estén encerrados en cuatro paredes, en edificios que ya fueron trastocados por este movimiento telúrico», afirmó.

La falta de comunicación es lo más desesperante, coinciden los entrevistados en Miami, ciudad que alberga la mayor diáspora venezolana en EE.UU.

Horas en vilo

Sin electricidad en buena parte del país, las familias en el exterior pasan horas sin noticias de los suyos.

La señal telefónica apenas empieza a restablecerse y circulan gestos mínimos: en Caracas se pide abrir las redes de internet domésticas para que alguien atrapado bajo los escombros pueda conectarse, aunque no tenga saldo, cuentan los venezolanos en Miami.

A la cadena de solidaridad se sumaron otras comunidades latinas. Guina Díaz, de un colectivo nicaragüense, se declara venezolana de corazón y ayuda a coordinar el acopio y la información entre las familias. «Es desesperante porque las comunicaciones no funcionan; de verdad que no hay luz», dijo.

Los consultados coinciden en señalar a La Guaira, en el litoral, como una de las zonas más golpeadas, y algunos recuerdan el deslave que en 1999 arrasó esa misma costa.

Miami organiza centros de acopio

Mientras tanto, la maquinaria solidaria ya funciona a pleno rendimiento. En Miami, más de un centenar de asociaciones se convirtieron en centros de acopio.

Santi Chumaceiro, presidenta y cofundadora de We Love Foundation, coordina los envíos con la organización Global Empowerment Mission y los canaliza a través de Cáritas de Venezuela.

Una colecta en línea superó ya tres veces su meta y unos 150 voluntarios empaquetan medicinas, alimentos y agua, a la espera de que reabran el aeropuerto Simón Bolívar de Maiquetía, cerrado por los daños, para enviar esa ayuda.

  • Esto no es un tema político, es un tema humanitario. Nadie esperaba que esto iba a pasar, y pasó. Y bueno, aquí estamos», resumió Chumaceiro.

En casi todos los relatos se repite la misma idea: la ayuda la está sosteniendo la propia gente. Varios de los entrevistados critican, además, la respuesta del Gobierno venezolano de Delcy Rodríguez, al que acusan de no estar preparado para una catástrofe de esta magnitud.

El gran peso lo está llevando la ciudadanía, ayudándose entre ellos», afirmó Nelson Oxford, de la asociación VenAmérica, que confía en los casi ocho millones de venezolanos que, según su cálculo, viven fuera del país y son clave para su reconstrucción.

 «Yo tengo mucha fe en mi pueblo, en mi gente, en la gente que vive adentro», dijo, convencido de que esos compatriotas están «luchando, trabajando, unidos, para ayudar a los que se quedaron dentro».