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Naya Despradel insta a perder miedo para expresar opiniones

Naya Despradel insta a perder  miedo para expresar opiniones
Naya Despradel insta a perder miedo para expresar opiniones

SANTO DOMINGO, Republica Dominicana.-  Al poner en circulación su libro “Pilar y Jean. Investigación de dos muertes en la Era de Trujillo”, la señora Naya Despradel dijo esperar que la obra pueda ayudar a los dominicanos a  perder el miedo y hacer públicos sus pronunciamientos y opiniones, aunque éstos vayan en contra de conceptos que se han emitido por largo tiempo y que han adquirido la cualidad de la cosa juzgada.

A continuación, las palabras de doña Naya en el acto de presentación en la Academia Dominicana de la Historia: Cuando le di a leer el borrador de mi libro a una de las personas que sabía que yo lo estaba escribiendo, me comentó que pensaba que estaba escribiendo una novela, lo cual me sorprendió un poco porque creí haberle informado que mi trabajo consistiría en una investigación para recoger testimonios de testigos presenciales, recopilación de documentación publicada y entrevistas con médicos prominentes para determinar las causas reales de la muerte de las dos personas objeto de mi investigación.

En realidad, nunca pensé en hacer una novela porque la novela ya había sido escrita con “los aderezos de la imaginación, que tanto falsea y corrompe la verdad histórica”, como señalara Apolinar Tejera.

Además, si hubiese convertido mi investigación en una novela, seguiría en pie la ficción creada sobre hechos consumados cuya interpretación ha seguido la ruta del cuento que el público ha aceptado porque ha sido así como siempre se ha dicho.

Mi intención, desde el principio, ha sido la búsqueda de la verdad, aunque en el trayecto tuviera que rectificar algunos de los conceptos que incluí en mi artículo del 1 de mayo de 2010. Mi interés, una vez asegurada la certidumbre de mis planteamientos de entonces, es la de reafirmar en mi libro, con la evidencia correspondiente, todas las aseveraciones que utilicé en mi artículo de referencia a la muerte, muy lamentable, de dos jóvenes valiosos fallecidos durante la Era de Trujillo.

En realidad, mi intención, desde el principio, ha sido tomar como excusa al libro que he escrito para hacer una reflexión de lo que significa el concepto de verdad. La de develar toda la fantasía que ha acompañado la forma en que se han dado a conocer los sucesos objeto de mi investigación, los cuales fueron muchas veces construidos a posteriori, que han ido creciendo en suspenso y complejidades a medida que pasan los años, agregando cada vez elementos más inverosímiles.

Es muy lamentable que los hechos objeto de mi libro, desfigurados totalmente, hayan tomado un lugar que no les corresponde para alternar con la historia, que es la relación de hechos reales que son los que tienen una explicación en el tiempo y en el espacio.

Es importante recordar a Vetilio Alfau Durán, quien dijo que era necesario rectificar la historia, la nuestra y todas, cada vez que la ocasión fuera necesaria, aún en sus más nimios pormenores. La historia se puede revalorar, incluso se invita a hacerlo en todos los sentidos, pero no por ello se puede rehacer ni corregir lo que pasó.

Además, que espero que mi obra pueda ayudar a nuestros conciudadanos a perder el miedo y hacer públicos sus pronunciamientos y opiniones, aunque éstos vayan en contra de conceptos que se han emitido por largo tiempo y que han adquirido la cualidad de la cosa juzgada. Expresémonos, hagamos del conocimiento general nuestras ideas, siempre y cuando tengan una base de sustentación válida.

Debemos expresar nuestras opiniones de manera que puedan resistir la prueba del examen científico y lógico. No nos dejemos caer por una pendiente resbaladiza mientras vamos concatenando datos falsos hasta llegar a una narración falsa, todo lo cual nos hará caer en un abismo profundo, del cual no podremos salir airosamente. Estamos en medio de una crisis en que ha faltado seriedad y ética en la interpretación de hechos históricos. Tengamos siempre presente que el juicio histórico a veces llega tarde, pero siempre llega.

Y en ese sentido, pienso que la historia no tiene como propósito imponer los criterios o interpretación de un autor sobre los hechos, pues ésa es una virtud exclusiva del dato documentado y del testimonio vivo de los protagonistas.

En este proceso de la confección de este libro me han preguntado muchas veces: ¿tienes miedo? Mi respuesta ha sido siempre: No. Y no, porque no he inventado nada y mis fuentes y conclusiones están a disposición de todos para ser sometidos al escrutinio del examen científico y lógico.

Agradecimientos:

Para terminar esta presentación, debo dar las gracias a todas las personas que me apoyaron, ayudaron o contestaron mis preguntas para la redacción de este libro: el doctor Rodolfo Núñez Musa y su esposa Sonia; José Chez Checo, Víctor Grimaldi, Fernando Infante, Bernardo Vega, Eunice Lara, el doctor Jordi Brossa, el doctor Luis Rojas, Emilio Cordero Michel.

A mis hijos, Yanna y José Rafael, y sus cónyuges César Abreu y Vanessa Cruz; mis nietos, Carlos Abreu de Láncer; Abraham y Rafael Eduardo de Láncer Cruz; mi hermana Chello; y todos los sobrinos, la familia de mi esposo Rafael, a los cuales agradezco su respaldo en esta difícil empresa.

Agradecimiento muy especial a mi nieto César Eduardo Abreu, a quien vemos en esta mesa, que desde el principio me animó y siempre me dio su apoyo irrestricto, aunque muchos de mis familiares se opusieron a este intento por temor a que fuera agredida de alguna forma por plantear una tesis en apoyo a los que creo poseedores de la verdad, lo que va en contra de un rumor que se ha extendido por más de 50 años.

Agradezco a Flor Alba Jiménez, José Delfín Ramírez, Delffin Peralta, Freddy Acosta, José Miguel Beras, Karina Jiménez, Servia Lockward, Lissette Santana, Elvyn Suazo, Víctor de la Rosa y Adolfo Cruz Guerrero, todos compañeros de OGM, por su ayuda en la obtención de datos en el archivo periodístico y fotográfico de OGM, investigaciones en Internet y en cuanta necesidad de investigación yo tuviera.

A José Medrano, que preparó la infografía de los mapas del Sur del país, lo que determina la mejor comprensión de este texto.

Gracias muy especiales a mi compañero de labores Alejandro Ruiz Tibrey, que me acompañó en muchas de las entrevistas, me ayudó a grabarlas (algo en lo que soy una nulidad), y tomó muchas de las fotos que aparecen en este libro. También Alejandro fue imprescindible en la conducción de investigaciones para obtener documentos.

Gracias a todos los que me ofrecieron sus testimonios, muchos de los cuales cito por sus nombres, y otros que, por razones obvias, me brindaron anónimamente sus declaraciones.

Gracias a todos los que leyeron los borradores. Gracias por sus críticas, algunas halagadoras, otras demoledoras. Todas útiles y todas las tomé en cuenta.

Gracias a las personas que no me concedieron entrevistas o no quisieron proporcionarme sus testimonios, porque respeto profundamente su decisión de no dar, o de no darme, declaraciones porque de sus negativas saqué lecciones en provecho de mi investigación.

Agradecimiento a Multimedios del Caribe, que me permitió utilizar la información acumulada en OGM, Central de Datos, empresa para la cual trabajo. Sin esta completa y bien organizada base de datos, esta investigación hubiera sido casi imposible.

Agradecimiento a aquellas personas cuya paciencia colmé al hacerles constantes preguntas y consultas. Muy especial a una de ellas que me demostró su amistad al decirme directamente que yo era agobiante.

Gracias muy especiales a la familia del doctor Simpson, que me confió documentos e informaciones acerca de su padre. Gracias a Lorenzo Sención Silverio, que tuvo la confianza de depositar en mí informaciones que no había proporcionado a otras personas.

 

Mi libro, en realidad, es un homenaje a la dignidad, a la honradez, a la honorabilidad, manifestadas siempre por los doctores Alfonso Simpson, Jordi Brossa, la Clínica Abreu y todos los médicos que laboraron en la misma en 1960, antes y después, y por Lorenzo Sención Silverio.

Por último, aunque no menos importante, gracias a Frank Moya Pons, que como historiador me apoyó siempre en mis investigaciones. Gracias a la Academia Dominicana de Historia que me ha concedido el enorme honor de acoger en sus salones la presentación de mi obra. Gracias, gracias.

Gracias a todos los presentes.

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