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Necesidad de la internacional anti-capitalista

Narciso Isa Conde.

Las fuerzas del capitalismo cuentan con sus vanguardias políticas, practican el internacionalismo de la explotación y opresión de los pueblos, y disponen de varias “Internacionales” para garantizar su hegemonía política en el planeta, en todas las regiones, sub-regiones, zonas y países.

Sus corporaciones, sus empresas, sus Estados, sus fuerzas militares y policiales, sus sistemas financieros, su medios de comunicación, sus universidades, sus intelectuales orgánicos, sus iglesias… se las arreglan para agruparse, coordinarse y defenderse a todos los niveles y en todas las escalas territoriales y jerárquicas; conformando un especie de poder supranacional de Estados y entidades políticas y corporativas claves para mantener y reciclar la dominación y el control de la sociedad humana y de su entorno natural.

En las buenas y en las malas, con crisis y sin crisis, el capitalismo hegemónico, los imperialismos dominantes, al tiempo de exhibir, desplegar y administrar sus contradicciones, procuran desde su cúpula actuar coordinadamente para enfrentar y derrotar todo lo que atente contra ese control y esa dominación, algo esencial para prolongar su existencia y reproducción.

La clase capitalista transnacional procura siempre actualizar y cohesionar su sistema de explotación y las opresiones y discriminaciones que les son funcionales a su expansión y acumulación de poder, independientemente de las discrepancias secundarias entre sus componentes en cuanto a métodos, tácticas, formas, modelos y gradaciones políticas. A nivel político partidista crea sus “Internacionales” y opera en parte a través de ellas.

Internacionales políticas de un capitalismo endurecido.

La “Internacional Neoliberal”, neo-conservadora, opera a través de varias vertientes.

La mal llamada Internacional Socialista-IS, más bien socialdemócrata, de esencia pro-capitalista (partidaria en su origen de reformas sociales más menos limitadas o más o menos avanzadas) se neo-liberalizó considerablemente, aunque no tanto como la Internacional Liberal y la Internacional Demócrata- Cristiana.

La llamada “tercera vía” de Tony Blair y Anthony Guidens fue un esfuerzo de teorización para situar la IS entre el producto socialdemócrata original (“Estado Capitalista del Bienestar”) y el neo-conservadurismo absolutamente privatizador, resultando una especie de neoliberalismo “Light”.

La Internacional  Demócrata-Cristiana se neo-liberalizó al extremo e igual le pasó a la Internacional Liberal, confundiéndose con los partidos conservadores y a la nueva derecha.

Tales procesos, junto al endurecimiento de los poderes supranacionales, homogenizaron mucho más el accionar internacional de las fuerzas pro-capitalistas. Esto incluye una fuerte tendencia a la fascistización de su poder central y transnacional.

Socialdemocratización de componentes de las izquierdas anticapitalistas.

El derrumbe del llamado “socialismo real” y el auge del neo-liberalismo, al tiempo de acelerar y profundizar los fenómenos ya señalados, gravitaron para moderar, social-democratizar y/o desplazar hacia el centro gran parte de las izquierdas anticapitalistas del siglo pasado; al tiempo de aislar considerablemente la parte de las izquierdas que por reafirmación nostálgica-dogmática, o por renovación revolucionaria, se mantuvo firme.

Así las cosas, no pocos partidos comunistas, socialistas-revolucionarios, de izquierda cristiana anticapitalista, marxistas-trotskistas, guevaristas…; una parte de los partidos, frentes y movimientos políticos-sociales revolucionarios, anticapitalistas y pro-socialistas (entonces emergentes)… si bien no se neo-liberalizaron como los socialdemócratas y liberales, se moderaron en diferentes grados y por diferentes vías; embotando de esa manera su filo anti-capitalista, tornándose cada vez más reformadores o reformistas, aun fuera conservando sus denominaciones y proclamas o renunciando progresivamente a ellas.

A través de esos procesos se ha venido conformando una especie de neo-socialdemocracia, que aunque con ciertos desniveles y diferencias entre sus integrantes y con mayores o menores contradicciones con la “Internacional Neoliberal”, en lo esencial se muestra incapaz de impugnar y rebasar al capitalismo en crisis y procura replantear e impulsar un incierto neo-keynesianismo con algunos niveles de autonomía nacional (en algunos casos), pero sin ruptura con el capitalismo y la burguesía transnacional.

En Europa, en América  Latina y el Caribe y más allá, esa corriente cuenta con espacios de debates, consensos, programas de acción y coordinaciones bien limitados y delimitados.

El Foro Sao Paulo-FSP, con presencia e impacto parcial a nivel internacional, es en buena medida un producto de ese proceso de nueva social-democratización de ciertas izquierdas otrora revolucionarias; no tanto por su homogenización en ese sentido, sino por la hegemonía que prima en el conjunto diverso que lo integra y por los resultados específicos de su dinámica política.

Confluyen en el FSP un sector de la izquierda anticapitalista, amplios sectores neo-socialdemócratas, fuerzas centristas y centro-derechistas (éstas últimas en menor grado), pero con un irreversible control a favor de los más moderados.

Confluyen izquierda real e izquierda ficticia, y hasta algunas fuerzas neo-liberalizadas; sobre todo si se toma como parámetro obligado la actitud frente al capitalismo actual y su crisis crónica y multilateral.

Esos actores moderados y su influencia en una parte de los movimientos sociales más representativos, produjeron efectos parecidos sobre el Foro Social Mundial-FSM, que llegó a representar una enorme fuerza social contestataria del neoliberalismo, sin lograr hasta la fecha el gran salto hacia una verdadera fuerza antisistémica. La amalgama de lo social y de lo político anticapitalista no ha cuajado en su seno por la hegemonía de posiciones reformistas, cierta aversión a los partidos y fuerzas políticas revolucionarias y ausencia de una estrategia de contra-poder y poder popular.

Desintegración de viejos espacios internacionales de vieja inspiración comunista

El otrora fuerte Movimiento Comunista Internacional que giraba en torno a la Unión Soviética y más allá -mezcla de reformismo burocrático, anticapitalismo marxismo, leninismo y antiimperialismo- se dispersó al compás de la desintegración de la URSS y de los Estados aliados; registrándose posteriormente ciertos esfuerzos precarios de coordinación regional y mundial, en medio de sensibles depresiones, fraccionamientos y renegaciones.

Otro tanto aconteció con la “Internacional Maoísta” en el contexto de los sucesivos virajes de la China Popular, ahora con fuerte tónica pro-capitalista, ínfulas imperialistas y manifiesta renuncia al internacionalismo revolucionario.

Quedaron, no sin serias fracturas y estancamientos, los centros internacionales del trotskismo, sensiblemente aislados y bastante dogmatizados.

Esto sin contar con que el espíritu de la III Internacional había sido previamente abatido por la degradación burocrática-estatista de los procesos de orientación socialista.

Cuba revolucionaria, que durante década alentó combativas coordinaciones continentales y mundiales de corte imperialista y anticapitalista -sensiblemente estrangulada por el cerco imperial y el derrumbe de la URSS, y cada vez más influida la política exterior de su gobierno y del partido gobernante por los intereses de Estado y la necesidad de sobrevivencia dentro del modelo estatista predominante- en los hechos debilitó ese rol y centró sus esfuerzos en Foro Sao Paulo, no siempre de acuerdo con sus contenidos, pero adaptándose a ellos.

Por otra parte, la emergente teología de la liberación y la izquierda revolucionaria cristiana, que confluyó con al marxismo antidogmático, a parte de recibir una fuerte embestida del Vaticano y de las iglesias conservadoras, no logró consolidar espacios internacionales fuertes y fue impactada también por el reflujo provocado por la crisis de las otras izquierdas y por la propia. Sigue siendo, sin embargo, un factor anticapitalista importante, auque más reducido que en su momento de gran auge.

Y todo esto, pese a los difíciles, tenaces y no siempre fructíferos esfuerzos de coordinación realizados a contracorriente de esa tendencia moderada preeminente,  actuando por separado las diferentes corrientes, en medio de múltiples obstrucciones… ha posibilitado limitar los resultados de las mejores iniciativas en el quehacer internacionalista de los/as revolucionarias/as y retrasar la necesidad de la articulación en grande, a nivel regional y mundial, de las izquierdas anticapitalistas y pro-socialistas.

Oleada de cambios  e internacionalismo

Las fuerzas antiimperialistas y anticapitalistas, junto a las ideas socialistas, han vuelto a crecer, recrearse, renovarse y multiplicarse a la luz de la mega-multi-crisis del sistema capitalista y en medio de la oleada de luchas sociales y los cambios políticos progresivos; a la luz del desarrollo de nuevos movimientos-políticos sociales revolucionarios y de una creciente indignación global de los sujetos populares oprimidos, sectores excluidos y capas medias afectadas por la crisis y por las recetas neoliberales.

Jóvenes, mujeres, indígenas, ambientalistas, asalariados/as, profesionistas, técnicos, trabajadores/as informales, militares patriotas, pobrecías abusadas, etnias maltratadas, nacionalidades oprimidas, comunidades religiosas, campesinos, homosexuales, artistas, artesanos… se levantan, crean movimientos, se movilizan, se alzan, ocupan territorio y empresas, tumban gobiernos, crean conciencia sobre las lacras del capitalismo y atacan algunos de sus símbolos.

Pero se trata de un crecimiento disperso a nivel internacional, sin articulaciones y conducciones políticas confluyentes y sin galvanización transnacional de lo político revolucionario con lo social, salvo la creación de espacios todavía limitados como el Movimiento Continental Bolivariano-MCB y otros parecidos

Las izquierdas anticapitalistas han crecido en cantidad y calidad. Han renovando parte de lo acumulado en el pasado, creando fuerzas nuevas, radicalizando y politizando combates y fuerzas sociales contra el gran capital.

Han crecido territorialmente y cualitativamente, movilizándose, expandiéndose, rearmando el pensamiento revolucionario, revitalizando el socialismo científico, ampliando sus temas y sus horizontes, con valiosos aportes a cargo de sus intelectuales orgánicos, afinando y precisando cada vez coincidencias fundamentales.

Han crecido en nuestra América, en Europa, en el Norte de África y en el Medio Oriente. En el mundo islámico, en Asia y en África.

Han crecido con grados muy altos de incomunicación, pero con incipientes y promisorias señales de reencuentro.

El propio Foro de Sao Paulo -aun bajo control de la neo-socialdemocracia- ha servido para esos reencuentros. Y en mayor medida otros espacios internacionales como el siempre muy concurrido Seminario del PT de México y otros similares, algunos más descantados, presentes en todos los continentes.

Lo acontecido en el XVIII Foro de Sao Paulo en Caracas, puesto en evidencia en el debate posterior (audazmente estimulado por el destacado intelectual argentino Atilio Boron), muestra los límites insuperables de ese espacio  para generar políticas anti-sistémicas y para practicar internacionalismo revolucionario, antiimperialista, anticapitalista; límites resultantes del devenir de una “izquierda moderada” muy influyente en su seno, que ha dejado de ser revolucionaria y que a lo sumo puede definirse como izquierda reformista o neo-socialdemocracia.

El FSP se inclinó y se acostumbró a verse a gusto en el espejo social-reformista y a sentirse cómodo emulando los  pasados tiempos “progres” de la Internacional Socialista (social-demócrata), aunque menos pro-activo que ella. Ni en pensamiento ni en acción puede ya responder a las exigencias de la actual crisis mayor del capitalismo mundial, para producir algo diferente y superior a un neo-keynesianismo frenado y/o amenazado por la lógica de la acumulación a lo neoliberal asumida por una gran burguesía transnacional (de viejo y de nuevo cuño), y además con altos riesgos de retrocesos.

Neo-keynesianismo en áreas territoriales limitadas y con diferentes alcances y profundidades, coexistente y mezclado con no pocos aspectos inalterados del producto estructural de la era neoliberal, sobretodo con sus privatizaciones o parte de ellas, su libre mercado, su financierización, su consumismo, su asistencialismo y su cultura trasnacional.

Neo-keynesianismo acosado por el contra-ataque imperialista. Neo-keynesianismo sujeto a profundizarse –en los casos posibles- en dirección a una dosis de capitalismo de Estado combinado con capitalismo transnacional oligopolio y con una gran burguesía local dependiente, procurando una distribución menos concentrada de la renta nacional, no necesariamente irreversible y siempre embestido por el núcleo duro del capital imperialista y sus socios locales.

Un salto necesario

El crecimiento de las fuerzas socio-políticas y culturales anticapitalistas se haría sentir mucho más y se potenciaría más con nuevas coordinaciones regionales, nacionales e internacionales; con una creciente articulación del pensamiento y la acción que ellas están generando a escala mundial, fundiendo teoría y práctica en armas contra un capitalismo en crisis terminal o cuasi terminal.

Articulación de la diversidad y del pensamiento común creado por los aportes confluyentes de sus variados componentes.

Nuevo manifiesto socialista-comunista para que el fantasma renovado recorra el mundo. Nueva Internacional Anticapitalista. Firme en sus metas, flexible en sus métodos. Profundamente democrática e intensamente combativa.

Programas unitarios y acciones globales concertadas, sin desmedro de lo específico regional, nacional y local en cada caso.

Creación heroica desde la indignación global conducida por nuevas vanguardias anticapitalistas coordinadas.

Obra compleja pero imprescindible, llena de escollos, incomunicaciones, incertidumbres, precariedades y dificultades a vencer.

Obra que sin precipitaciones, pero sin dejadez ni dilaciones hay que atreverse a acometer desde cada país, en cada región, en cada continente y a escala mundial; detectando los posibles y diversos actores de su creación a través del examen que separa al abanico de los partidarios del capitalismo de todos los matices, del inmenso arco iris de los que nos proponemos abolirlo cuanto antes; concientes de que no cae solo, sino que hay que tumbarlo. Y convencidos/as de que esta es una gran oportunidad para hacerlo, sembrando -junto a la indignación global en marcha- organización conductora, ciencia y mito, socialismo y comunismo armónicos a las condiciones y retos del siglo XXI.

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