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Negociando con la muerte

El derecho a la salud convertido en negocio de corporaciones transnacionales, empresas capitalistas y elites partidocráticas pervertidas,  es una forma de expandir la cultura de la muerte.

Las ARS privadas tienen un rol especial en esa cadena de estafas y privatizaciones onerosas para las políticas sociales.

El neoliberalismo ha conformado un sistema de salud y un orden económico-social con una horrenda tendencia a la exclusión social y al empobrecimiento.

El sistema de pensiones discriminatorio de los trabajadores asalariados/as e informales, del pueblo pobre y de medianos ingresos, sirve de caldo de cultivo a las  enfermedades y al desgaste físico-mental de multitudes, camino a la muerte anticipada motivada por las crecientes penurias populares.

Bancos, AFPs privadas y grandes empresarios inescrupulosos se apropian de recursos ajenos, provocando sufrimientos y muertes evitables.

La especulación con los alimentos, la vivienda y los servicios vitales (desde los rapaces intereses del gran capital y de la burocracia corrompida), equivale a elevar la mortandad. Eso incluye la comida basura “made in usa” y el enorme volumen de alimentos, bebidas y ambientes nocivos para la vida de los/as dominicanos/as.

El caos en el trasporte es la principal causa de muerte en un país que ha roto todos los records en esa vertiente de la vida en sociedad, con la anuencia  y complacencia de autoridades corruptas.

EL despotismo, la narco-corrupción estatal y la mafia policial-militar, se llevan todos los días vidas a granel. Igual pasa con la violencia machista, sin que los gobiernos del  capital y de la partidocracia deshumanizada adopten medidas que contrarresten esos fenómenos contra al derecho a vivir. Gobiernos y Estado se convierten en funcionales a la violencia criminal imperante.

La muerte es el negocio de las funerarias y de los cementerios privados, que se aprovechan de la cruel negación del derecho humano a la gratuidad de perecer dignamente.

Cada vez se limita más el acceso a la alimentación sana, a la salud y la salubridad públicas, y a la vivienda gratuita o socialmente  ofertada.

En un contexto así es muy penoso tener que pagar lo que no se posee para morirse y ser enterrado decorosamente. ¡Desgarrador!

Los servicios funerarios, los cementerios privados y la extorsión en los cementerios públicos, abruman tanto como los gastos obligados y abusivos para el tratamiento de las enfermedades, especialmente aquellas de pronósticos mortales.

La crueldad contra la mayoría de los vivos se ha tornado también en despreciable especulación con las enfermedades y con las víctimas más vulnerables de la muerte.

En estos días, para colmo, visité una de las funerarias privadas encopetadas, que además de cobrar altísimas tarifas por los servicios que brinda, decidió sorpresivamente obligar a pagar 50 pesos de parqueo a los/as asistentes/as a los velatorios escenificados allí, que  lógicamente son cada vez.

Como crece la muerte, crecen los velorios y los entierros; y crecen los visitantes a las ceremonias previas a ellos y a las cremaciones.

Si el negocio privado de la alimentación es de lo más rentables,  el negocio con la muerte lo supera.

Porque crecen los mal alimentos, los mal pensionados o no pensionados, los no y los mal asegurados. Crecen los enfermos sin acceso a un sistema de salud. Crecen los/as que abandonan el mundo de la vida.

Crecen los fallecimientos evitables.

Y esa funeraria abusadora se la pasa repleta, exhibiéndose con la tranquilidad propia de las almas apegadas al dinero fácil y abundante, alegres de ver crecer el número los/as vivo/as que se “van al más allá”. 

Mientras, los/as que optamos por acompañar en el dolor a sus endeudamos clientes, tenemos que pagar 50 pesos para parquearnos con la mínima seguridad expresada en un letrero que reza: “LA EMPRESA NO SE RESPONSABILIZA DE LOS ARTÍCULOS DE VALOR DEJADOS EN SUS VEHÍCULOS.”

Y no existe autoridad estatal que detenga tantos abusos del capital privado, incluido el capital funerario, porque ella misma nos dice oronda y lironda, a través de ministros, presidentes y pota voces, que “vivimos en una sociedad donde se garantiza la libre empresa y el libre mercado”, ambos atributos ahora santificados en grande por el neoliberalismo global. El neoliberalismo de Ladronel, que es el mismo de Danilo (algo maquillado), aunque este último insista en su intención publicitaria, también funeraria, de “darle un rostro humano” y de ponerlo al “servicio de la gente”. ¡Y de qué manera, con paquetazos y todo!

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