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Neobocinas llamadas influencers

Neobocinas llamadas influencers
Víctor Bautista

La necesidad de exposición pública los desborda. Es una carrera alocada, febril, aberrante, bajo el entendido de que las menciones favorables, el limpiasaquismo, los seguidores inorgánicos vulgarmente comprados y las tendencias artificialmente creadas, son un pase a la eternidad.

Viven cada día buscando esos segundos de gloria, provistos por una masa amorfa que nada construye, porque es un cometa de paso, con una opinión insustancial, a veces anclada en la perversidad, la cobardía y la mentira pobremente argumentada.

Verificar el dato y acogerse al contraste, descubrir la razón y respetar la inteligencia de los otros no es materia de atención, pues lo importante es desbocarse con juicios a priori y conclusiones aviesas.

En estos tiempos el adjetivo destemplado y la insolencia a granel son mercancías a la venta que sirven para asesinar reputaciones y tratar de lograr ganancia de causa, comprensión, aceptación forzadas y diseñar mundos paralelos a los egos que requieren mucho espacio para existir.

Se trata de las neobocinas, que militan en la esfera digital y resultan muy rentables aprovechando algún oficio relacionado con la comunicación (mientras más vacuo y figurero es mejor) para mercadearse como influencers.

Que sean analfabetos funcionales es lo de menos. Que no entiendan los procesos sociales, políticos o económicos, no preocupa. Que no tengan nociones de la historia de su país, tampoco es nada. El requisito es el arrojo y la osadía de la ignorancia.

Es penoso cómo hasta instancias públicas, en un espejismo que reemplaza los resultados por las relaciones públicas de la más superficial raigambre, invitan a mordisquear el presupuesto nacional a sujetos que sólo aportan ruido pasajero y morbo, en busca de subsanar la inseguridad que atormenta a los incumbentes.

En el país hay quienes cultivan un proverbial desprecio por el legado fundado en los hechos, en los hitos que forman la historia, dando protagonismo a un distorsionado marketing de guerrilla, a unas palabrerías insulsas que se las lleva el viento, pero que son requeridas para solapar la doble moral de gente mediocre.

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