Lo que hace Balaguer es sencillamente aparentar que propone la unificación de las dos naciones de la isla, para posteriormente rechazar tal unificación, con la finalidad de disminuir el caudal de votos de Peña Gómez, mediante la maquiavélica explotación del miedo en la población de que un candidato presidencial de origen haitiano llegara al poder.

Seis millones de judíos europeos fueron asesinados por Hitler y sus secuaces por culpa de un libelo antisemita falsificado. Publicados por vez primera en 1902 para justificar ideológicamente los programas contra los judíos de la Rusia zarista, “Los protocolos de los sabios de Sion” se revelaron como una falsedad en 1920, gracias a un periodista del periódico inglés “The Times”, pese a lo cual fueron claves para avivar los milenarios prejuicios contra los judíos en los fanáticos del nazismo y todavía hoy son muy populares entre los grupos de ultraderecha, los supremacistas blancos y los dementes que insisten en negar el Holocausto judío.

Los dominicanos también sufrimos los estragos de un libelo semejante inspirado en una obra clave: “La isla al revés” (1983), de Joaquín Balaguer. La tesis conspirativa del libelo, reproducida ad infinitum en medios y redes, consiste básicamente en lo siguiente: las grandes potencias extranjeras (EE.UU, Francia, etc.) y las ONG globales, financiadas por George Soros y otros malvados megaempresarios y líderes mundiales (los Clinton, Biden, etc.), que tienen como aliados dominicanos a líderes en su mayoría de la izquierda progresista, “traidores a la patria” que promueven el aborto, los derechos de la comunidad LGBT y la “invasión pacífica” de inmigrantes haitianos que suplantarán a la población dominicana, con el impulso de la burguesía dominicana que se aprovecha de la mano de obra ilegal haitiana, promueven la fusión de Haití y la República Dominicana.

La idea de la fusión de la isla la trajo Balaguer por los cabellos para fundamentar el ataque racista contra la candidatura presidencial de José Francisco Peña Gómez en 1994. En efecto, en la obra antes citada, en donde éste reproduce literalmente las ideas expuestas en su libro “La realidad dominicana” (1947), Balaguer propone una confederación domínico-haitiana, idea que había sido sugerida por Américo Lugo en 1913, inspirada por la confederación antillana propuesta por Eugenio María de Hostos y desarrollada posteriormente en 1949 en una tesis de Ramón Rafael Casado Soler. Lo que hace Balaguer es sencillamente aparentar que propone la unificación de las dos naciones de la isla, para posteriormente rechazar tal unificación, con la finalidad de disminuir el caudal de votos de Peña Gómez, mediante la maquiavélica explotación del miedo en la población de que un candidato presidencial de origen haitiano llegara al poder.

Lo curioso de esta estrambótica teoría del nacionalpopulismo derechista e izquierdista es que el antihaitianismo que le sirve de base fue importado por las elites dominicanas, como nos advierte Silvio Torres-Saillant, de las potencias occidentales, beneficiarias por siglos de la esclavitud y “comprometidas con un credo racial negro-fóbico”, condición fundamental para la inserción en el orden mundial de la República Dominicana como contrapeso de Haití, y que se nutre de una ideología racista, importada también de Occidente, que postuló la superioridad evolutiva del “hombre blanco”, concibió al indígena y al negro como pariente moderno del “eslabón perdido”, justificó la dominación de los blancos sobre las razas “degradadas, primitivas y salvajes”, legitimó el exterminio racial y se mezcló con el elitismo arielista de los intelectuales dominicanos a partir de 1900, plasmado en el programa del Partido Nacionalista y asumido totalmente por la dictadura de Trujillo. En fin, los verdaderos imperialistas y anti dominicanos son los anti haitianos.