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Nuestra comida se pone más cara

Nuestra comida se pone más cara
Bernardo Vega

Los precios internacionales de la comida han estado subiendo y eso afecta, en algunos casos en forma positiva, pero sobre todo negativamente, a nuestro país.

Es una repetición de la crisis alimenticia del 2007-2008 que provocó violentas y sangrientas  protestas desde Bangladesh hasta Haití. En nuestro país, sin embargo, la escalada de precios no se sintió mucho porque, siendo un año electoral, el gobierno de Leonel Fernández subsidió ciertos rubros con recursos presupuestales.

Ahora mismo el mundo está sufriendo un choque, pero si el alza de precios se prolonga, podría derivar en otra crisis. La FAO recientemente admitió que su índice de precios internacionales de alimentos estaba por encima de los niveles del 2007-2008.

Las causas de estos aumentos son fáciles de explicar. Por un lado están los incrementos en el consumo en los dos países emergentes de mayor población y crecimiento: China y la India y, por el otro, las coincidencias de varios fenómenos climatológicos negativos. La combinación de aguas calientes y frías en las corrientes marítimas de “El Niño”, al oeste de Perú, es la más violenta en treinta años y ha provocado lluvias e inundaciones en Colombia, Indonesia y Australia. El monzón, la temporada de intensas lluvias en la India, ha sido muy fuerte este año provocando también grandes aguaceros. El calor y la sequía en Estados Unidos han reducido la producción de maíz, soya y trigo. La sequía en Argentina y Brasil igualmente ha reducido allí la producción de maíz y soya. Las lluvias en Indonesia han afectado su producción de aceites comestibles.

La consecuencia ha sido el incremento en los precios. Entre enero y diciembre del recién transcurrido año el precio internacional del maíz aumentó un 34% y el de la soya un 33%. Los dos son los insumos principales para la producción del pollo en nuestro país. El aceite comestible y el trigo, con el cual se producen el pan y las galletas, también han subido mucho. Por suerte para nosotros, el precio internacional del arroz no ha subido y, además, somos temporalmente autosuficientes.

Pero para nuestro país también hay un aspecto positivo. El azúcar tiene los precios internacionales más altos en treinta años, lo que está estimulando un aumento en su producción entre nosotros. El café el año pasado subió un 62% y en los últimos seis meses un 75%. Un efecto parecido está ocurriendo con el cacao.

El resultado para el consumidor dominicano ha sido un aumento en el precio del pan, la galleta, el pollo, los aceites, el café, el chocolate y el azúcar, entre otros. A eso habría que agregar que en nuestro presupuesto y nuestra proyección de balanza de pagos, así como en las matemáticas del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), presumimos que el petróleo se compraría a ochenta dólares el barril y ahora está en noventa y un dólares, lo que perjudica al presupuesto (más subsidios a la CDEEE), a nuestra balanza de pagos y al consumidor a través de electricidad, gasolina y transportes más caros. Los aumentos de precios, a su vez, crean presiones para aumentos salariales.

¿Puede nuestro gobierno, como en el 2008, subsidiar el precio del pan, los pollos, etc.?  ¿Con qué recursos? Si los ingresos exceden lo presupuestado, en parte por una mayor contribución de la industria azucarera, estos tendrían que utilizarse para un mayor subsidio a la CDEEE, debido al mayor costo del petróleo. Por suerte, casi la mitad de la generación eléctrica se logra ahora con gas natural, carbón y las hidroeléctricas pero, aún así, el alto precio del petróleo, de continuar, implicará, ante la ausencia de recursos para más subsidios, aumentos adicionales en la tarifa eléctrica así como en la tarifa de carga. En resumen, un clásico caso de inflación importada que amenaza los planes de mantener la estabilidad de precios, implícita en el acuerdo con el FMI.

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