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Jueves 1 de octubre, 2020
Covid-19 en República Dominicana
  • Infectados 112,209
  • Nuevos casos 309
  • Fallecidos total 2,105
  • Nuevos fallecidos 4
  • Recuperados 87,629
  • Críticos
  • Pruebas 477,407
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Nuestro desafío

Nuestro desafío

¿Qué hacer para aplanar y disminuir una curva de contagios de Covid19 sobre los mil casos diarios que nos lleva directo y en vivo al colapso del sistema sanitario?

El umbral de quiebre en países similares a los nuestros, como el caso de Chile, se ha producido al superar quince mil casos activos, y República Dominicana en pocos días duplicará esa marca.

Se están habilitando 582 nuevas camas hospitalarias que incluyen 187 nuevas salas de cuidados intensivos, y, afortunadamente, aunque estamos en una etapa de transición, hay un trabajo armonioso entre el gobierno actual y el que habrá de instalarse el próximo 16 de agosto, producto de lo cual se ha aprobado la declaratoria de un nuevo estado de emergencia por 45 días.

En la nueva vigencia de la emergencia, las autoridades están obligadas a actuar con mucha precisión, porque ni pensar en volver al confinamiento que detuvo más del 80% de la actividad económica, ni al cierre de actividades que se están llevando a cabo en cumplimiento de los protocolos de bioseguridad.

La representante en el país de la OPS/OMS, doctora Alma Morales, está sugiriendo un toque de queda a partir de las tres de la tarde, limitado a los tres lugares de mayor contagio, que son nada menos que el Distrito Nacional, las provincias de Santo Domingo y Santiago. Algo impracticable porque cerrar esas localidades equivale a cerrar el país. Si cuando se cerraba a las seis habían filas insufribles en bancos y supermercados, imagínense qué pasará cuando esos establecimientos sólo operen en horas de la mañana. ¿Qué  pasaría con las personas que lleguen por los aeropuertos en horas de la tarde, la noche o la madrugada?

Salud Pública, por otra parte, había adelantado medidas para tratar de frenar el desenfreno nocturno, fijando hasta las ocho de la noche la hora de apertura presencial de bares, tiendas de bebidas alcohólicas y lugares de expendio de alimentos preparados, pero esa disposición es muy injusta, porque regresa a la quiebra a establecimientos que no habían violado los protocolos, cuando lo que hay que hacer especialmente es sancionar a los que no han respetado el distanciamiento social y el uso de mascarillas.

Es cierto que una parte de los dominicanos han observado un comportamiento sumamente irresponsable frente al enemigo silencioso que ha estado atacando en forma simultánea a toda la humanidad como ninguna otra peste lo había hecho, cobrando ya más de 600 mil fallecimientos. La gripe española mató  más de 20 millones, pero no fue global, ni había el desarrollo experimentado por la medicina del que disfrutamos actualmente; el Covid19 19 en aquel contexto hubiese sido más  catastrófico.

El país también se vio ante el desafío de realizar dos elecciones en medio de la pandemia, que, indiscutiblemente, eran un factor de expansión de contagios, pero que la nación habría estado en peores circunstancias sino las hubiese realizado, porque además de crisis económica y sanitaria, estuviéramos cosechando una crisis política, y no el espíritu unitario que se observa para combatir la pandemia.

En otros estados de Las Américas no hubo elecciones, y por igual los contagios se han multiplicado hasta el extremo, por ejemplo, que Arizona y California han apelado a frigoríficos para almacenar cadáveres porque las morgues no dan abasto, y, menos aún, los hospitales. En La Florida la situación es espantosa, como lo sigue siendo en gran parte de los Estados Unidos, que encabeza cifras de muertos.

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