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Nuestro país y la crisis internacional

Nuestro país y la crisis internacional
Bernardo Vega

Bernardo Vega.

Alguien ha descrito lo que ahora está pasando en la economía mundial como la “crisis perfecta”.

En Estados Unidos los congresistas no se ponen de acuerdo y puede ser que dentro de pocos días el Tesoro no tenga con qué pagar sus bonos. La última vez en que se dio esta crisis, en 1995, se resolvió a último minuto. Ojalá ocurra así, aunque ahora los republicados están muy ideologizados.  En Europa, por diferencias entre Alemania y otros países, puede ser que los bonos griegos entren en “default”, provocando que ocurra lo mismo con los de Italia, Portugal, Irlanda y España. Un grupo de economistas de gran prestigio al ser consultados predijeron que en este año el petróleo llegará a 115 dólares el barril. El maíz y otros alimentos siguen subiendo de precio y existe un fuerte desequilibrio entre países superavitarios en sus balanzas de pagos (Alemania, China y los petroleros) y los deficitarios como Estados Unidos, lo que se está reflejando en el nerviosismo del mercado cambiario.

Esa crisis nos puede afectar al recibir menos turismo, remesas e inversiones extranjeras y por el efecto inflacionario y de balanza de pagos del alza del petróleo y la comida. De ahí lo conveniente de haber llegado, después de seis meses sin tenerlo, a un nuevo acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), pues implica el desembolso de 1.1 billón de dólares en préstamos en los próximos meses, lo que no sólo reforzará las reservas internacionales del Banco Central, sino que estimulará la demanda global, ya que el gobierno invertirá esa plata aun cuando parte de ella sea para pagar deudas a contratistas.  El efecto recesivo que se ha estado sintiendo (un monitoreo reciente indica que la venta de dieciséis productos básicos se ha reducido), se reversará.

Lo penoso es que ni el acuerdo con el FMI, ni la voluntad del Presidente y el Congreso logran cambiar la composición y objetivo de un gasto público que cada día depende más de un endeudamiento que está llegando a sus límites. Se gastan millones en un museo de la telecomunicación, único en el mundo, precisamente porque es un tema que no interesa al público y mucho menos a los turistas. Ese edificio de telecomunicaciones bien pudo ser utilizado para un gran mercado de artesanías por estar en medio de la zona turística. Mientras tanto siguen cerrados el Museo de Historia y la Biblioteca Nacional.

Mientras se hizo un concurso para concesionar las autopistas, el Estado ha concesionado el puerto de Manzanillo sin licitación y el pueblo se ha enterado del asunto sólo por las quejas de los bananeros, ya que el gobierno nunca anunció la medida. La construcción de una carretera internacional, sin consultar a Haití, como se hizo en 1938, es un proyecto no prioritario, pues no estimula ni el comercio ni el tránsito y sí facilita la inmigración ilegal.  Si fuese un proyecto binacional, los haitianos podrían cubrir la mitad de su costo con plata de donantes internacionales. En ningún momento se justifican estas inversiones no prioritarias, menos aun ante una crisis internacional. El gobierno, unilateralmente, y sin negociar, ha enviado al Congreso modificaciones al contrato con la Barrick, lo que espanta la inversión extranjera. Este gobierno, al enumerar los “logros” de los viajes del Presidente, ofende la inteligencia del lector al citar, en el caso de los viajes a Brasil, la decisión de Ambev de invertir en nuestro país, cuando esa fue una negociación puramente privada y confidencial sin participación o estímulo gubernamental.

La corrupción es cada día más evidente y descarada. Eeso se refleja en la encuesta de Penn, Schoen & Berland que mostró que los que creen que el país va por el camino correcto se han reducido de un 56% en el 2008 a un 21% en la actualidad. Tan sólo un 38% dice estar satisfecho con la labor de Leonel Fernández. De ahí que no sorprendió que la Gallup centroamericana mostrara que sólo un 30% aprueba de nuestro presidente, el índice más bajo en comparación con los presidentes centroamericanos.

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