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Oh, política

Oh, política
Víctor Bautista

El poder político es omnímodo, lo abraza todo. Tiene la capacidad de construir y destruir. Decide la suerte de una nación y hasta traza la ruta de la cotidianidad de todos los ciudadanos. Una decisión política adoptada en un minuto puede lanzar a la pobreza a millones de personas o crear prosperidad y equidad en un determinado marco social.

Los políticos crean las instituciones, estructuraran su perfil, son los reguladores, hacedores de las leyes, vigilantes de su aplicación y, como si todo eso fuera poco, disponen la asignación de recursos públicos y marcan el derrotero de la distribución de la riqueza que produce el país. Por más que querramos desmarcarnos de la política, en ella convergemos y sus agentes nos señalan el destino.

El contexto anterior me indica que no debo ser indiferente a la política ni es razonable prestar oídos sordos o mirar para otro lado ante los proyectos de poder concebidos para dirigir la primera magistratura del Estado. La cultura política dominicana es la cuna del desencanto, un tigueraje que se funda y se hace exitoso con el “dame lo mío”.

La política es aquí un río bravo cuyas corrientes impiden nadar en contra. Por eso vemos cómo sucumbe  ante sus torvos fundamentos una élite intelectual que debería estar supuesta a transformar las prácticas partidarias y no a  adherirse como manso cordero a la danza del atraso a cambio de un plato de lentejas.

He felicitado públicamente a intelectuales que se han inscrito en algunos de los proyectos que forman el parque jurásico politiquero, pues su presencia en esos espacios estaba supuesta a adicionar calidad. Para mi infortunio, he visto cómo han terminado arropados por la intolerancia, el fanatismo, el insulto y la zancadillas para abrevar, primero que nadie, en las fuentes de los cargos públicos por venir. Y todo pensando en sus propios intereses. !Qué vergüenza!

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