Nadie me sugirió o insinuó que publicara el artículo que allí coloqué solicitando apoyar la idea de Trujillo de expulsar a los rusos de Naciones Unidas. Yo era, como muchísimos, víctima de la censura y la propaganda.

Escuché la noticia de que desde fuera de Rusia una hija había llamado a su padre en Moscú para alertarle que habían sido los rusos los que habían invadido a Ucrania y que luego habían cometido genocidio y que lo que veía por la televisión oficial rusa era propaganda de Putin. El padre le contestó que era ella la víctima de propaganda norteamericana contra Rusia.

Y es que Putin ha bloqueado los canales de televisión de la BBC, La Voz de América y las televisoras europeas y ha cerrado las estaciones privadas rusas de televisión cuyo personal ha tenido que emigrar a Turquía, creando así un monopolio de información y volviendo a los tiempos de Stalin y la Unión Soviética de censura total y propaganda masiva. Dos ejemplos de aquella época me vienen a la memoria. Uno fue la colocación en la televisión soviética de una fotografía de jóvenes norteamericanos afuera de una farmacia que en aquella época se denominaban “drug stores”. La publicación explicaba que los jóvenes norteamericanos adquirían y consumían drogas libremente en las “tiendas de drogas”. Otro recuerdo fue de los días cuando cayó el Muro de Berlín en 1989 y entonces escuché a un ruso de edad avanzada decir que le perdonaba todo, absolutamente todo, a Stalin, a Brézhnev y a los otros líderes, excepto que nunca se permitió que los rusos supieran que los americanos habían colocado a un hombre en la luna en 1969.

Cuanto Trujillo también existía una censura total y propaganda continua que hasta incluía merengues que enaltecían al Benefactor. Permítanme ahora citar una experiencia personal. En el Colegio De La Salle dirigí el periódico de la institución, el segundo editor después de Pepín Corripio. Nadie me sugirió o insinuó que publicara el artículo que allí coloqué solicitando apoyar la idea de Trujillo de expulsar a los rusos de Naciones Unidas. Yo era, como muchísimos, víctima de la censura y la propaganda. Un par de años después pude ir a estudiar a una universidad en Estados Unidos y allí, en la primera clase que era de Ciencias Políticas, citaron como material de lectura el libro “1984” de George Orwell. Fue entonces que se me cayeron las escamas de los ojos y me di cuenta que, sin saberlo, había estado viviendo en un 1984 tropical.

Los rusos ahora lamentablemente vuelven en el 2022 al 1984 orwelliano.