El presidente Abinader no tenía otra opción: tenía que tomarse la foto con Trump. Aunque no necesariamente comulgue con sus acciones, la lealtad del súbdito va más allá de los deseos e incluso de sus ideas; estar ahí no solo era un gesto de sumisión, sino también de alineación ideológica momentánea.
Las imágenes que vimos en la cumbre “Escudo de las Américas” no fueron un acto entre presidentes, más bien fue una reafirmación del trumpismo en el continente (excepto en algunos países). Ya de manera formal, el “América para los americanos”, la Doctrina Monroe y el Big Stick o “diplomacia del garrote” quedaron instaurados.
“Si no te gustan mis principios, tengo otros”, frase atribuida a Groucho Marx.
La realidad es que para nuestro país la verdadera maestría diplomática reside en saber cambiar de principios con la misma rapidez con la que Washington cambia de administración, asegurando que la nación permanezca a flote, sin importar quién dicte las reglas.