Fue bola, pero…
El público insatisfecho puede dejar vacía la pista si no le gusta la música que el dueño de la orquesta elige.
Pueden decirse o escribirse mil excusas o patalear, pero perdimos. Ahora bien, aun con el empate en tercera y un superbo próximo bateador, es un ejercicio fútil afirmar otra verdad de magnitud galáctica: con el árbitro en contra cualquiera pierde. Ese último lanzamiento fue bola, no strike.
Para llorar en criollo, ¿ahora qué hacemos? El dueño de la orquesta decide qué música se toca, pero un público inconforme le deja la pista vacía.
Eso lo saben los jefes de la MLB, que quizás presten oídos a lo que tengan que decir quienes, participando en su torneo clásico de béisbol, lo convierten en un espectáculo mundial muy rentable puntualmente.
Impacto de las decisiones arbitrales
También aumenta la popularidad internacional de la pelota. Sin ser experto, tengo tres sugerencias. Primero, mejorar cómo se deciden los grupos o rondas. No es lo mismo llegar a semifinales venciendo a equipos fuertes que chupando mangos bajitos.
Segundo, igual que en otros juegos, la verificación por video grabación debe tumbar cualquier decisión cuestionada.
Sugerencias para mejorar el torneo
Lo que es igual no es ventaja. Y tercero, los referís, humanos al fin, no deben ser de igual nacionalidad que alguno de ambos equipos del juego que arbitran. El concepto del “fair play” es un orgullo de la legalidad estadounidense, originado en el deporte.
- Sería penoso invocar la legalidad para mejorar este negocio deportivo. ¡Play ball! (Y que viva el Glorioso Licey!).